DOS MESES DE TRABAJO PARA ARRANCAR UNA CARCAJADA DE SEGUNDOS

NUEVA YORK – La noche después de Navidad, el comediante Myq Kaplan hizo algo que la mayoría de las personas encontraría aterrador. Contó chistes nuevos durante unos 20 minutos a un público enorme.

“Se supone que debes poner tu abrigo para que pase una dama: así solía ser”, dijo hablando rápidamente en el club Broadway Comedy en Midtown Manhattan. “Si había un charco y parecía que una dama no quería caminar por el charco, bueno, entonces, pondré mi saco porque la suela de tu zapato es más importante que todo mi saco”.

A pesar de ganarse una risa decente, se trataba de un trabajo en proceso: farragoso y algo impreciso. Una hora después, en el teatro Upright Citizens Brigade, su cuarta presentación esa noche, pulió el chiste, y estableció más pacientemente el marco como una comparación entre la caballerosidad pasada y la presente, y agregó un punto de vista más nítido.

“Nadie ve a un hombre con un saco sucio y dice: 'Caballero’”, dijo. “Más bien: 'Indigente’”. Una carcajada más estruendosa.

Kaplan vio el potencial, al describir después su chiste sobre la caballerosidad como su favorito de los nuevos. Al caminar tras bambalinas, platicó con Louis C.K., para quien abrió a principios de ese año. Kaplan, de 33 años, lo observó probar material en bruto. Después, dijo, fue inspirador ver a un cómico hasta arriba de su campo trabajando chistes nuevos en un teatro de sótano cerca de medianoche. “Todos tenemos que hacer esto”, dijo.

La cualidad más subestimada de exitosos comediantes es lo duro que trabajan, lo cual quedó claro a medida que evolucionó este chiste a lo largo de dos meses. La comedia en vivo es la extraña forma que, por lo general, requiere ir probando con el público.

Myq (se pronuncia maik) Kaplan, un respetado regular en el Comedy Cellar en Greenwich Village, ha tratado variaciones de su chiste sobre la caballerosidad en unas 80 presentaciones. Las graba casi todas las veces, estudia los resultados y apunta ideas nuevas. Ese es el trabajo, dijo, uno que no puede imaginar no hacer nunca. Delgado, con anteojos, que es típico que use una sudadera arrugada, Kaplan prefiere los chistes complicados y muy orales. Convirtió un anagrama en un remate (el hombre araña (IGUAL A) PS . soy un nerd). Un fragmento característico sigue la lógica de algo a tal extremo que se convierte en ilógico. El chiste de la caballerosidad empezó como una observación sobre una convención pasada de moda, pero que evolucionó a ser algo mucho más extraño.

Con los chistes, importa cada palabra. Así es que el primer avance de Kaplan fue tres días después, en el escenario, en el Comedy Studio en Boston, donde ahí mismo cambió “la suela de tu zapato” por “planta del pie de una dama”.

Le gustó el sonido. Cuando le contó el chiste completo a Josh Gondelman, un cómico que a menudo lo retroalimenta en el material nuevo, el veredicto por correo electrónico fue decisivo: “¡planta del pie es chistoso!”.

Encontrar una mejor palabra en lugar de saco resultó más difícil. Trató “ropa para todo el torso”, luego “la mitad superior de un hombre”, hasta que halló “torso de hombre” o “torso”. “Me gusta 'torso’ porque es común y poco común”, dijo Kaplan. “La gente sabe lo que significa, pero no la usa a menudo”.

Se puede decir que la primera semana es la más creativa en la vida de un chiste. Para Kaplan, todo se trata de generar ideas. ¿Qué podría explicar esta convención del saco? Quizá, especuló, alguna vez los sacos fueron muy baratos y, como diría después en el escenario, “los hombres llevaban siete abrigos con la esperanza de que no fuera un día de ocho charcos”. También decidió que el equivalente moderno era bajar la tapa del escusado.

Todas estas ideas se transformaron en chistes a medida que se expandió la pieza. Se redujeron las situaciones. Se multiplicaron los remates. Pronto, el saco sobre el charco se volvió uno de varios ejemplos de caballerosidad que comenzaron con él haciendo la pantomima de abrir una puerta tras preguntar al público: ¿Me alejo de la caballerosidad si, al abrirle la puerta del coche a una dama, digo: '¡Caballeroooosidad!'?“. Arrastró la última palabra con el tono petulante del mago que presenta a su asistente. Un chiste burdo sobre la caballerosidad durante el sexo sustituyó la línea sobre el indigente. ”Tuvo un impacto más poderoso", dijo Kaplan.

Para principios de enero, el ritmo se volvió más seguro y relajado, con bastantes pausas, y risas extras entre remates. Su típica pose de escenario – hacia atrás, con la mano libre colocada sutilmente sobre el estómago como si estuviera embarazado _, se hizo más suelta, y agregó toques de teatralidad.

Sin que importara dónde se presentaba (clubes, restaurantes, incluso, un hostal), siempre funcionaba la caballerosidad. Ahora, el centro de atención era conseguir las risas adecuadas. Era importante, pensó, obtener una gran carcajada justo al comienzo, con la apertura de la puerta, y, para recortar, convirtió una pregunta (¿Se aleja de la caballerosidad .?) en una afirmación. Después, retomó la pregunta. Mejoraron marginalmente las risas.

Kaplan pensó que los chistes estaban listos para la televisión, así es que envió una cinta a un representante de “Conan”, un programa nocturno de televisión de TBS en el que ya se había presentado. La respuesta fue alentadora pero no concluyente. El representante J.P. Buck le dio notas – algunas positivas, otras negativas _, pero le interesaba menos la caballerosidad y se saltó varios chistes. Así es que Kaplan reagrupó, reduciendo los chistes sobre la caballerosidad (incluida la puerta del coche) y centrándose en una parte que Buck dijo podría “llegar” a ser algo. La noche después de tener noticias de Buck, contó este chiste:

“Siempre dejo ropa en el piso. Mi novia preguntó: ¿por qué haces eso?'. Hay cosas asquerosas debajo de eso. Estoy siendo caballeroso”.

El chiste se trata menos de una convención pasada de moda que de una parodia de sí mismo. Su tono se hizo más sobrio, menos juguetón. Hay menos lugar para bromear con la muchedumbre de la televisión.

Con “Conan” a la vista, envió una cinta al programa sobre chistes en desarrollo cada semana hasta febrero, cuando recibió la invitación.

Se le escuchaba un tono de ansiedad a Kaplan la noche previa a su presentación, cuando todavía sopesaba si probaba un chiste sobre etiqueta lésbica que no funcionó en un club. (No lo usó.)

Como es típico de la comedia en televisión, su presentación fue más lenta de lo usual. Pulió su chiste sobre la caballerosidad hasta ser una ocurrencia con garra y puntillosa. “Nunca he lanzado mi saco a un charco ni nada por el estilo, pero sí dejo ropa por todo el piso de mi departamento”, dijo llanamente. “Llegan las mujeres y dicen: '¿Qué es esto?'. Y yo les respondo: '¡Caballerosidad!'”.

El chiste había recorrido un camino largo. Al usar la voz del mago y balancear el brazo, metió de contrabando elementos del chiste de la puerta del coche, y cuando lo contó como parte de su conjunto de chistes en vivo, en el que todavía aparecía la línea, funcionó como un gesto del anterior. Aquí, el chiste estuvo tirante, desequilibrado, tonto. El público se rió. El anfitrión, Conan O’Brien, lo felicitó por su conjunto durante un anuncio.

Al ver en retrospectiva las diversas encarnaciones del chiste, Kaplan dijo que es alentador ver mejoría. No obstante, nada es más divertido que la primera vez. “Cuando presentas un chiste al mundo, y se ríe el público”, dijo, “es la cosa más estimulante y emocionante”.

No obstante, cada noche hay un público nuevo, y, en parte para mantener su espectáculo fresco, sigue jugueteando con la pieza sobre la caballerosidad. Está contento con el chiste que contó en “Conan”, pero no descarta cambiarlo.

“Nunca terminas ningún chiste”, concluyó.

Myq Kaplan, a standup comedian, at Stand Up NY in New York, Jan. 23, 2012. One of Kaplan's jokes evolved over two months to make it finally onto late-night television. (Josh Haner/The New York Times)