Trabajadoras sexuales de Israel encuentran nueva vida en cursos de moda

TEL AVIV, Israel – Durante 20 años, Aviva, de 48 años de edad, llamativa y transgénero, trabajó en las calles del distrito empresarial de esta ciudad mediterránea, así como en el área sórdida en torno a la estación de autobuses central y la playa de Tel Baruch, anteriormente un famoso centro de la prostitución israelí que se ha convertido en una renovada extensión de costa.

Alona, de 40 años de edad, inmigró a Israel con sus padres desde Ucrania a principios de los 90. Sus circunstancias rápidamente degeneraron de trabajar en un casino a una vida descarrilada por las deudas, las drogas y la prostitución. Cuando no estaba en prisión, las sucias calles alrededor de la estación de autobuses se convirtieron en su casa.

“En las calles no había baño, ni papel de baño”, dijo Alona. “Olvidé muchas cosas, como la manera de cuidarme, amarme. Aprendí a sobrevivir”.

Ahora, en un esfuerzo muy alejado de sus anteriores vidas como los brillantes bancos y elegantes boutiques de Tel Aviv lo están de la sórdida subcultura de la ciudad, las dos, que pidieron sólo ser identificadas por su nombre de pila, concluyeron recientemente un curso de estilismo y la industria de la ropa al menudeo. Junto con otras ex prostitutas que han recibido capacitación similar en diseño y confección de ropa, ahora pretenden encontrar un lugar en el mundo de la moda. Siempre hay demanda de personal de ventas en las bulliciosas tiendas de Tel Aviv, y una graduada talentosa incluso fue a una escuela de diseño profesional con una beca.

“El curso me dio mucha confianza en mí misma y conocimiento”, dijo Aviva. “Quizá un día pueda empezar algo por mi cuenta. Cuando me dieron el certificado – el primero en mi vida _, me sentí orgullosa de mí misma. He hecho algo positivo”.

La idea del programa surgió del lado oscuro de Tel Aviv.

La iniciadora del programa, Lilach Tzur Ben-Moshe, estaba trabajando como redactora y editora de moda en un importante sitio de Internet noticioso en hebreo y era voluntaria del centro de crisis en casos de violación de la ciudad cuando, hace cuatro años, se mudó al destartalado Distrito Shapira cerca de la estación de autobuses. Su sórdido nuevo vecindario la expuso a la miseria total del comercio sexual, y decidió ayudar a las mujeres a dejarlo.

“No quería sólo responder al teléfono en el centro de ayuda”, dijo. “Quería ofrecer algo más optimista, más hermoso, lo opuesto a ese horrible mundo de la prostitución”.

Con entre 15,000 y 20,000 prostitutas en Israel, un país de alrededor de ocho millones de habitantes, los que hacen campaña contra la prostitución dicen que la industria tiene un movimiento anual de más de 500 millones de dólares. Aunque es ilegal ser proxeneta u operar un burdel, la prostitución no es un delito criminal en Israel. Hay esfuerzos para promover nueva legislación que impondría penas criminales a las personas que sean clientes de prostitutas.

Hasta hace unos años, Israel era un importante destino para los traficantes de mujeres. Unas 3,000 mujeres por año eran metidas de contrabando al país, principalmente desde Europa Oriental, para trabajar en la industria sexual. Esa cifra ha declinado desde que Israel aprobó una ley contra el tráfico en 2006, según el Reporte de Tráfico de Personas del Departamento de Estado de Estados Unidos de 2012, y se dice que la mayoría de las prostitutas aquí son ahora israelíes.

Aproximadamente en la misma época de la mudanza de Tzur Ben-Moshe al Distrito Shapira, abrió cerca el primer hostal de Israel para mujeres que trataban de salir de la prostitución y emprender la rehabilitación, Saleet. Tzur Ben-Moshe creó el primer curso con Ido Recanati, un diseñador de moda local, ofreciendo a las mujeres del hostal capacitación en dibujo, telas y confección. Luego hizo equipo con Iris Stern levi, que había trabajado durante 20 años en el centro de crisis en casos de violación. Fundaron una asociación, llamada Dar la Voltereta, y ahora son directoras del programa, cuyas sesiones semanales tienen lugar en un periodo de varios meses. Algunas estudiantes provienen del hostal; algunas vía Elem, una organización israelí para jóvenes en peligro; y algunas son de un refugio para mujeres recién salidas de prisión.

El financiamiento ha provenido del Consejo Nacional de Mujeres Judías, una organización estadounidense de voluntarias y activistas de la justicia social, así como de compañías locales e individuos privados. Muchos israelíes conectados con la industria de la moda – diseñadores, proveedores de telas y la casa de moda Gertrude, entre otros – han donado tiempo y materiales.

Los esfuerzos, dijo Tzur Ben-Moshe, son “pequeños, para demostrar que hay una salida”.

En una sesión reciente en un edificio en la Calle Dizengoff, en el corazón del elegante distrito comercial y de cafeterías de Tel Aviv, media docena de mujeres practicaban desempacar cajas de existencias en un taller ofrecido por Uri Reiss de 911 Fashion Ltd., que importa marcas importantes a Israel y opera una cadena de tiendas en y alrededor de Tel Aviv en las cuales las mujeres recibirán algo de experiencia de trabajo.

Sacano un vestido corto de chifón de una caja, Aviva, de constitución ancha, con largo cabello teñido de rubio y una risa profunda, se carcajeó: “Para mí, eso es una blusa”.

Alona, cuyos brazos delgados muestran las cicatrices de años de abuso de drogas, ofreció consejos a Reiss sobre cómo las tiendas pueden tener deficiencias: los clientes que compran zapatos quizá no tengan un lugar adecuado para sentarse, o los espejos quizá no lleguen hasta el piso.

Los ladrones en las tiendas, añadió a menudo cubren las etiquetas de seguridad con nilón o papel de aluminio para evitar que piten a la salida. “Una vendedora”, dijo, “siempre necesita mantenerse alerta”.

Muchas prostitutas aquí empiezan en su adolescencia y tienen poca educación y ninguna otra experiencia de trabajo.

“Trabajar en las tiendas les ayudará a integrarse en el mundo real”, dijo Reiss.

Los cursos también les enseñan cómo desenvolverse en una entrevista de trabajo y responder cuando los potenciales empleadores preguntan si alguna vez han robado o usado drogas.

“La respuesta”, dijo Stern Levi, “es: 'Sí, tengo un pasado. Pero estoy buscando avanzar ahora’. Dar la Voltereta está convirtiendo a las mujeres con el estigma de ser ex trabajadoras sexuales en mujeres con experiencia”.

Aviva llegó a Israel con su familia desde India en 1979, y, aun siendo hombre, completó el servicio militar obligatorio. Después de eso, Aviva hizo la transición a mujer pero se sintió rechazada por la sociedad y no podía encontrar un empleo regular. La prostitución fue su respuesta. El cambio ocurrió, dijo, cuando encontró el amor. Ahora en una relación estable, encontró su camino, con la ayuda de los voluntarios de Elem, al hostal y el curso; un mundo de personas totalmente nuevo.

“Al principio no estaba segura de si les entendería”, dijo. Tras completar el curso, estaba esperando tener noticias de un diseñador de moda sobre un empleo como costurera.

Alona escuchó hablar primero del hostal después de visitar un departamento de emergencia que funcionaba cerca de la estación de autobuses donde las prostitutas acudían de la calle a tomar una ducha y descansar. Este fue su tercer intento de reiniciar. La primera vez que se mudó a Saleet se quedó un día; la segunda fue un periodo breve recién salida de la cárcel. Ahora había estado seis meses y dijo que quería convertirse en estilista en una tienda de ropa y había estado leyendo mucho sobre la creación de imperios de moda como el de Coco Chanel.

“Es una nueva vida”, dijo.