Salud personal: Cuando el estrés diario se entromete con la vida

NUEVA YORK – Estaba a punto de ofrecer una plática de una hora ante cientos de personas cuando uno de los organizadores del evento preguntó: “¿Se pone nerviosa cuando pronuncia discursos?” Mi respuesta: ¿Quién? ¿Yo? No. Por supuesto que no.

Pero esta era una verdad a medias. Tiendo un poco a preocuparme, y una cosa que me pone ansiosa es prepararme para estos eventos: me preocupo por si he preparado la plática correcta, empacado la ropa correcta u olvidado algo importante, como mis lentes.

La ansiedad es un hecho de la vida. Aún no conozco a nadie, no importa cuán optimista sea, que haya escapado a momentos, días o incluso semanas de ansiedad. Recientemente, sucumbí cuando, apurada por el tiempo justo antes de un viaje de Día de Acción de Gracias, me dijeron que los neumáticos de mi auto estaban demasiado gastados para conducir con seguridad y debían ser reemplazados.

“Pero no tengo tiempo de hacerlo ahora”, gimoteé.

“¿Tienes tiempo para un accidente?”, respondió mi vecino con conocimiento de autos.

Así que, con el pulso acelerado y sin idea de cómo compensar el tiempo perdido, me dirigí a adquirir neumáticos nuevos. Dejé el auto en el taller y me las ingenié para calmarme durante la caminata hacia mi casa, lo que me ayudó a regresar al trabajo que necesitaba terminar antes del viaje.

Parece algo tan pequeño. Pero las tensiones cotidianas se acumulan, según Tamar E. Chnsky, sicóloga de Plymouth Meeting, Pensilvania, que atiende a personas con padecimientos de ansiedad.

Tendrá una capacidad mucho mejor para hacer frente a un desafío serio e inesperado si reduce sus niveles de estrés cotidianos, dijo. Cuando la preocupación es constante, “se necesita menos para inclinar la balanza para hacerle sentir agitado o abrumado por síntomas físicos, incluso en situaciones menores”, escribió en su muy práctico libro “Freeing Yourself From Anxiety”.

CUANDO LAS CALAMIDADES SON REALES

Por supuesto, a menudo hay buenas razones para la ansiedad. Ciertamente, las personas que perdieron su casa y los tesoros de su vida – y en ocasiones seres queridos – en el Huracán Sandy difícilmente pueden ser culpadas de preocuparse por su futuro.

Pero para algunas personas la ansiedad es una forma de vida, crónica y paralizante, dejándolos constantemente llenos de temores que les impiden adoptar medidas que pudieran enriquecer su vida.

En una entrevista, Chansky dijo que cuando ocurren verdaderas calamidades, “se estará en mucho mejor condición para hacerles frente si no se consideran las catástrofes superfluas”.

Por “superfluas” se refiere a las muchas tensiones que se acumulan en el curso de la vida cotidiana que realmente no merecen tanto de nuestro capital emocional; la preocupación y angustia que dedicamos a cosas que no cambiarán o simplemente no importan mucho.

“Si usted se preocupa por todo, eso se entrometerá en lo que realmente necesita enfrentar”, explicó. “Las mejores decisiones no se toman cuando su mente está fuera de control, acelerándose con predicciones sobre cómo las cosas nunca van a mejorar. Se desperdicia energía preciosa cuando siempre está pensando en el escenario del peor de los casos”.

Cuando se enfrentan desafíos serios, ayuda reducirlos a cosas especificas que uno pueda hacer ahora. En mi opinión, la sugerencia más valiosa de Chansky para salir de la ansiedad paralizante cuando se enfrenta una tarea monumental es "permanecer en el presente, no ayuda estar en el futuro.

“Dé algún pequeño paso hoy, y valore cada paso que da. Nunca sabrá qué paso marcará la diferencia. Esto es mucho mejor que no tratar de hacer nada”.

Chansky me dijo: “Si se preocupa por su trabajo todo el tiempo, no logrará realizar el trabajo”. Sugirió más bien que la gente “compartimente”. Los propensos a preocuparse deberían apartar un poco de tiempo cada día simplemente a preocuparse, dijo; y luego dejar de lado las ansiedades y pasar el resto del tiempo haciendo las cosas.

PENSAMIENTO POSIBLE

Muchas personas que tienden a preocuparse piensan que la solución es el pensamiento positivo. Chansky recomienda algo más: pensar en lo “posible”.

“Cuando estamos aferrados al pensamiento negativo, se nos agotan las opciones, de manera que para salir de eso necesitamos que nos recuerden todas las opciones que tenemos”, escribe en su libro.

Si esto no es algo que pueda hacer fácilmente por su cuenta, consulte a otros en busca de sugerencias. Durante mi caminata matutina con amigas, a menudo discutimos problemas, e inevitablemente alguien propone una solución práctica. Pero aun cuando ninguna de sus sugerencias funcione, al menos estrechan los posibles rumbos de acción y hacen que el problema parezca menos intimidatorio. “Si otras personas no están atrapadas en la espiral que está usted, quizá le den ideas que a usted no se le hubieran ocurrido”, dijo Chansky. “A menudo hacemos esto respecto de las cosas pequeñas, pero cuando algo grande está ocurriendo, titubeamos en pedir consejo. Sin embargo, es cuando más lo necesitamos”.

Chansky llama a esto “un esfuerzo de limpieza comunitario”, y puede aportar más que consejo. Durante un momento especialmente desafiante, como hacer frente a la enfermedad grave de un cónyuge o la pérdida del hogar, amigos y familiares pueden ayudar con los asuntos prácticos como comprar abarrotes, ofrecer comidas, limpiar el refrigerador o pagar las cuentas.

“La gente quiere ayudar a los que están necesitados; así es como gira el mundo”, dijo.

Lo atestiguan los muchos miles de voluntarios que prepararon comidas y distribuyeron ropa y equipo a las víctimas del Huracán Sandy. Incluso el favor más pequeño puede ayudar a amortiguar el estrés y permite a la gente enfocarse productivamente en lo que puede hacer para mejorar su situación.

Otro de los consejos invaluables de Chansky es “soltar la cuerda”. Cuando se sienta presionado para encontrar la manera de arreglar las cosas ahora, “aléjese por unos minutos, pero prometa regresar”. Como con una computadora que repentinamente se descompone, Chansky sugiere que uno “se desconecte y reinicie”, quizá “tomando un descanso para respirar”, inhalando y exhalando con calma e intencionalmente.

“Entre más practique la respiración relajante, más le beneficiará cuando lo necesite”, escribió.

También sugiere tomar un descanso de realizar algo físico: “El movimiento cambia el momento”. Dé un paseo a pie o en bicicleta, llame a un amigo, revise un álbum de fotos, o realice alguna tarea de limpieza pequeña como ordenar su mesita de noche.

Cuando tenga la cabeza despejada y se sienta menos abrumado, podrá determinar mejor el próximo paso.