La Praga que las guías turísticas no muestran

NUEVA YORK – Una variedad de voces se hacían eco por los desgastados adoquines de la Ciudad Vieja de Praga. Durante días, al salri de la biblioteca neo-barroca donde escribo, he escuchado la misma música desbordándose por la Calle Bartolomejska, aunque como un fantasma siempre parecía desaparecer conforme me acercaba. Haciendo una suposición, asomé la cabeza por el umbral de lo que parecía ser un edificio abandonado con yeso desprendido y ventanas sucias. Adentro, pinturas extrañas decoraban las paredes, y muebles toscos habían sido colocados apresuradamente. Cuando entré a un salón largo y oscuro, un coro de jóvenes regresaban de su tarea: entonar una versión atinada y estremecedora del Réquiem de Mozart a la mitad de una tarde relajada.

Tantas escenas en Praga muestran toques similares de la extrañeza común de la ciudad, un surrealismo cotidiano que a menudo mezcla lo elegante con lo casi alucinatorio, que hace de la capital checa moderna un lugar difícil de comprender, especialmente para forasteros como yo. Pero después de 12 años de vivir aquí, he llegado a apropiarme de la ciudad, descubriendo cómo encajan varias partes de Praga y encontrando atractivos encantadores y belleza inesperada dondequiera que miro.

Esto, pese a haberme asentado en una de las partes más sobreexpuestas de la ciudad: su centro histórico. A menos de cinco minutos a pie de Namesti Republiky y sus inmensos palacios Art Nouveau, y a 10 minutos de las torres góticas de la Plaza de la Ciudad Vieja, mi esposa, Nina, y yo establecimos nuestro hogar entre las vistas más románticas, así como los autobuses llenos de turistas más grandes, las más lamentables tiendas de recuerdos y las tabernas menos auténticas.

Y, sin embargo, rápidamente superé los inconvenientes de vivir “en el centro”. Más bien, lo que descubrí en medio de toda la cursilería fueron alegrías pasadas por alto que la mayoría de los turistas probablemente nunca ven: una especie de Praga oculta.

Inspirado por Vzorkovna, la cafetería donde había encontrado a los coros angelicales, decidí pasar unos días en busca de los mejores atractivos ocultos y nuevos desarrollos de Praga , o al menos aquellos que eran desconocidos o nuevos para mí.

Basado en mi propia experiencia, recomendaría no saltarse la zona turística. Eviten el Camino Real, la histórica ruta de la coronación de la ciudad, sin duda, pero no se pierdan la nueva taberna destilería de la ciudad, Pivovar U Tri Ruzi, que abrió a lo largo de la ruta a principios de este año. Con un nombre que significa “En las tres rosas”, la taberna puede ser difícil de detectar entre las galerías y bares del área. Pero el puñado de cervezas producidas aquí son verdaderamente atractivas, incluida una sólida lager vienesa casi melosa y una excelente polotmavy, o medio oscura. Las hamburguesas aquí son de las mejores de la ciudad.

Y tome con prudencia las advertencias sobre lugares como la Plaza Wenceslao, al menos durante el día. Praga es una ciudad muy segura, y muchas de las áreas más peligrosas – incluida la Plaza Wenceslao _finalmente están siendo limpiadas. Cuando nuestra familia dio por casualidad con la plaza una mañana esta primavera, descubrimos que la mitad occidental acababa de ser declarada peatonal, creando una enorme cantidad adicional de espacio para compradores y transeúntes, y transformando gran parte de Vaclavak, como le llaman los residentes locales, en un área mucho más amistosa con los peatones. Después de visitar la mejor tienda de licores de la ciudad, Kratochvilovci, para buscar una botella de whisky Hammer Head – la extraña malta simple checa previa a la Revolución de Terciopelo dada a conocer hace un par de años con reseñas entusiastas – puede salir a la amplia calle libre de autos con impunidad y admirar las grandiosas fachadas a cada lado. Una situación similar está en marcha en Hlavni Nadrazi, la principal estación de trenes de Praga, donde una renovación finalmente está librándola de lo último de su decoración de la era comunista.

Pese a la posición central del Río Vltava, que cruza la ciudad como una aguja, el malecón ha sido pasado por alto por mucho tiempo. Últimamente, sin embargo, se puede encontrar que están sucediendo muchas cosas a lo largo del río, desde el bullicioso mercado de granjeros de las mañana de los sábados a lo largo del Malecón Rasinovo en la Ciudad Nueva hasta el Muelle del Jazz, uno de los mejors sitios en la ciudad para escuchar música en vivo, al otro lado del barrio de Smichov. Aquí, grandes artistas internacionales como John Abercrombie y los Legendary Pink Dots, así como favoritos locales como Tony Ackerman y el Kasparin Quartet han actuado en los tres años y medio desde que abrió.

Aunque el transporte público de Praga funciona extremadamente bien y los taxistas deshonestos son mucho menos comunes que antes, la mejor forma de sentir la ciudad es en un par de zapatos cómodos. Mi propia caminata hacia la biblioteca cada mañana está tan llena de nuevos avistamientos que a menudo tengo que refrenarme de tomar más fotografías o de escribir otro nuevo domicilio. Después de dejar a mi hijo en su jardín de niños en el barrio de Petrska, camino a lo ancho de la Ciudad Vieja, desde su extremo nororiental hacia el sudoccidental, dando una amplia barrida a la vieja Praga.

Sin añadir más que un par de minutos a mi traslado de 20 minutos, puedo explorar innumerables variaciones de mi recorrido: En ocasiones camino directamente por Na Prikope, la principal zona comercial de la ciudad, esquivando los grupos de turistas y a los músicos callejeros y tomando nota de tiendas recién abiertas en el centro como la boutique Lavmi en Truhlarska 18, que vende tapices, lámparas y otros artículos para el hogar inusuales y de diseño local.

En ocasiones recorro calles rústicas y no modernizadas como Provaznicka y V Kotcich, disfrutando las vistas que lucen como lo hacía el resto de la ciudad antes de la Revolución de Terciopelo. A menudo tomo uno de los muchos mysi diry (hoyos de ratón), los pequeños pasadizos que corren entre las calles de la Ciudad Vieja como Celetna y Stupartska. Si ve una puerta o un umbral en una curva del camino como las dos al final de la Calle Michalska, cheque si están sin cerrojo. Con toda probabilidad, encontrará un pasadizo oculto.

Muchos de esos senderos ofrecen vistas maravillosas, como descubrí cuando me esforcé por encontrar algo que parecía como si fuera imposible de pasar por alto: un nuevo sendero para caminatas y ciclismo en el barrio de Zizkov, después de oírle describirlo recientemente a Pitr, un amigo del vecindario.

“Es muy largo y bastante privado”, dijo Pitr. “Pero lo interesante es que está casi completamente oculto. Si uno no sabe exactamente dónde está, nunca lo encontrará”.

Incluso los nativos pueden ser sorprendidos por la ciudad. Como descubrí cuando decidí verificar nuevos desarrollos en el barrio de Karlin con mi amigo nacido en Praga y basado en Toronto, Matej.

Antes de que hubiéramos encontrado nuestro departamento en el centro, Nina y yo originalmente queríamos vivir en el área, que está al noreste de la Ciudad Vieja y al sur de Vltava. Karlin era barato y un poco destartalado pero con una arquitectura grandiosa y una sensación de barrio muy real que se origina en sus calles estrechas y su ubicación entre la ladera cubierta de árboles y el río.

Matej y yo nos asombramos al ver cuánto había cambiado en los últimos años. Empezando almorzando en un restaurante Red Hot Chilli, abierto en mayo del año pasado y quizá el mejor de los muchos lugares en Praga que se especializan en la cocina vietnamita, ofreciendo crujientes y aromáticos rollos primavera y tazones agridulces de bun bo nam bo, una ensalada de carne de res y fideos, sobre la calle principal del distrito, Krizikova.

Después, caminamos hacia el parque frente a la extensa escuela primaria Lyckovo Namesti – mi voto para la plaza más bonita en Praga, aunque una total sorpresa para Matej – y admiramos sus inmensos murales estilo Mucha de principios del siglo XX. En algunos de los edificios cercanos, pudimos ver aún algunas cicatrices de la línea que alcanzó el agua en las inundaciones de 2002, pero muchos habían sido repintados en rosa, amarillo y otros tonos florales pastel.

Después de tomar algunas fotografías, nos detuvimos en la nueva cafetería estrella del barrio, Muj Salek Kavy, para una taza sensacional de café de origen – algo que siempre pensé nunca encontraría en Praga – de Graciano Cruz de Panamá, acompañado por una gruesa rebanada de pastel de zanahoria.

Posteriormente regresamos a Krizikova a un bar de vinos llamado Veltlin, donde encontramos un pequeño salón íntimo y oscuro y una variedad de botellas con un tema sorprendente. Todas tenían su origen en las regiones vitivinícolas del ex imperio austrohúngaro, enfocándose en las variedades más tradicionales de la región: veltlinske zelene checo así como su mejor conocido primo austriaco, gruener veltliner; Zweigeltrebe de la región vinícola de Moravia de la República Checa; y Zweigelts de Trentino, en el norte de Italia.

Mientras esperábamos nuestras copas, tuvimos oportunidad de recuperar el aliento, y Matej se tomó un momento para enviar a su esposa, Chelsea, un mensaje de texto. Cuando terminó, dijo que había estado escribiéndole repetidamente sobre cómo había cambiado Praga, cuán diferentes eran las cosas desde la última vez que estuvieron de visita.

Sí habían cambiado, respondí, pero mucho parecía depender de saber hacia dónde mirar.

Miroslav Hanus, a waiter, serves drinks at U Tri Ruzi in Prague, Sept. 29, 2012. Prague is a city of elegant statues, beautiful facades, renovated parks and overlooked squares, many of which are not in the guidebooks. (Michal Novotny/The New York Times)