Salud personal: aceptando a los niños por quienes son

Contrariamente a los que algunos padres de familia pudieran creer o esperar, los niños no nacen como una hoja en blanco. Más bien, vienen al mundo con habilidades predeterminadas, proclividades y temperamentos que cariñosos padres pudieran ser capaces de fomentar o modificar, pero rara vez revertir.

Quizá nadie sabe mejor esto que Jeanne y John Schwartz, padres de tres hijos, de los cuales el menor - Joseph - es completamente diferente a los otros dos.

Cuando les ofrecieron un bote de juguetes, su hija, Elizabeth, eligió las Barbies y su hijo, Sam, los camiones. Pero Joseph, al igual que su hermana, ignoró los camiones y eligió las muñecas, a las cuales vistió con gran cuidado. Suplicó por zapatos rosa encendido con diamantes falsos y, a los tres años, pidió ser “una yadi disco” para Halloween.

Joseph amaba las palabras y los libros, pero “nuestros esfuerzos por meterlo a deportes, que tanto habían gustado a Sam, eran tan frustrantes que lindaban en desastrosos”, escribió Schwartz, corresponsal nacional del New York Times, en unas nuevas e humanitarias, así como instructivas, memorias: “Extrañamente normal: La lucha de una familia por ayudarle a su hijo adolescente a que acepte su sexualidad” (Gotham Books).

“Este no solo es un libro sobre la educación de un hijo homosexual”, dijo Schwartz en una entrevista. “Es sobre criar a hijos que son diferentes”, tanto reconociendo como adaptándose a esas diferencias y siendo defensores de los niños que las poseen. Citando la novela “El hijo marciano”, sobre un hijo adoptado, dijo: “Tenemos que cuidar de nuestros marcianitos”.

AJUSTE DE EXPECTATIVAS

El objetivo de los padres de familia debería ser criar hijos con una autoimagen y autoestima saludables, vitales ingredientes para el éxito en la escuela y la vida. Eso significa aceptar a los hijos como nacen: gay o heterosexual, atlético o cerebral, cortés o rudo, de alta inteligencia o no tanto, flacucho o gordito, tímido o extrovertido, buenos comedores o quisquillosos.

Por supuesto, hasta donde llegaran sus capacidades, los padres deberían darles a los niños oportunidades de aprender y gozar de actividades que pudieran estar fuera de su inclinación natural. Pero, como se ha dicho en muchas memorias, obligar a los hijos a seguir una fórmula prescrita casi siempre repercute negativamente.

Por ejemplo, en mi familia todos son atletas, con una firme creencia en la importancia de la actividad física. Todos, eso es, excepto uno de mis cuatro nietos. Actualmente de 10 años, es un intelectual y lo ha sido desde los tres años de edad, cuando aprendió el atlas completo de animales. Absorbe información científica como una esponja y la retiene. Puede contarles sobre criaturas el fondo marino, planetas y estrellas, reacciones químicas, exóticas orugas, formaciones geológicas - lo que le digan - y es un genio de la computadora. Sin embargo, no tiene un solo interés atlético o habilidad que salte a la vista. Sus padres le han presentado una variedad de deportes de equipo e individuales, pero ninguno ha pegado hasta ahora. En vez de intentar convertirlo en una persona que no es, el desafío para todos nosotros está en apreciar y adaptarse a sus diferencias, amarlo por quien él es y no menospreciarlo por lo que no es. Si bien los otros tres niños reciben balones de baloncesto, bicicletas y raquetas de tenis como presentes, para su cumpleaños 10 le di un enorme libro sobre el universo, que se convirtió en su lectura para ir a la cama.

VIDAS ENRIQUECIDAS

Una persuasiva voz por las diferencias en niños y cómo deben adaptarse las familias es la de Andrew Solomon, autor de un ambicioso libro que acaba de salir, “Lejos del árbol: Padres, hijos y la búsqueda de identidad”, publicado este mes por Scribner. Solomon hombre gay que es padre de cuatro hijos, a uno de los cuales está criando con su marido, ha explorado en profundidad los desafíos y recompensas de la diversidad familiar.

Solomon, quien ha escrito artículos para el Times, entrevistó a más de 300 familias, que en su mayoría han criado exitosamente a hijos sordos, enanos, autistas, esquizofrénicos, transexuales, que son prodigios o tienen síndrome de Down, así como aquellos que fueron concebidos de una violación o se convirtieron en delincuentes.

Él presenta un firme argumento para aceptar a los propios hijos por quienes son y, al mismo tiempo, ayudarles a convertirse en lo mejor que puedan ser. Particularmente agudo es su relato sobre una familia con un hijo altamente funcional con síndrome de Down. Durante algunos años, el niño progresó académicamente al paso de sus compañeros y era un símbolo de lo que podía hacer una persona con síndrome de Down. Pero, cuando el hijo ya no pudo ir más allá, su madre reconoció que él necesitaba estar en un hogar grupal.

“Habíamos trabajado tan arduamente para convertirlo en el tipo con síndrome de Down que no lo necesitaba”, le dijo la madre a Solomon. “Pero yo tenía que ver lo que fuera mejor para él, y no algún ideal que hubiéramos formado para nosotros”.

La mayoría de los padres de familia entrevistados encontraron abundante significado y muchas recompensas para lidiar con un hijo que fuera diferente.

“Me dijeron que les ha dado una vida mucho más rica a la que no habrían renunciado por nada del mundo”, dijo Solomon. “Hay muchas formas de existir en este mundo y muchas formas diferentes de ser feliz”.

Según Schwartz en una descripción de Joseph: “Él es un tipo encantador, una alegría. Yo no podría haber hecho ese molde. No puedes esperar que tus hijos salgan como planeaste, pero puedes sentirte emocionado por cómo resultan”.

Después, agregó: “Quieres que tus hijos tengan logros y estén cómodos con quienes son. Usted debería defenderlos y ayudarles a desarrollar las habilidades para que ellos se defiendan por sí solos. Sin embargo, los padres no deberían tratar de moldear a sus hijos. Cuando se espera que los hijos entren en un molde, particularmente un molde que usted mismo creó, terminará decepcionado”.

Las escuelas, de igual forma, deberían saber cómo darle cabida a niños que son diferentes, dijo Schwartz, cuyo libro detalla las luchas que su hijo enfrentó incluso en una ciudad con grandes escuelas. No solo es cuestión de que las escuelas manejen efectivamente el bullying o intimidación de compañeros, dijo.

“Jeanne y yo creemos que las escuelas lo pueden hacer mucho con los recursos que tienen para aceptar de buena gana las diferencias en los niños y reconocer cuando están tensionados indebidamente”, dijo.

Aún con padres que lo aceptaron y lo motivaban, por años Joseph Schwartz fue incapaz de reconocer su identidad homosexual, lo cual dio como resultado serios problemas académicos, sociales y psicológicos. Cada una de las familias de Solomon también enfrentó luchas de identidad, en tanto muchas recibieron enorme ayuda cuando encontraron compañeros con desafíos similares, tarea que se facilitó considerablemente usando Internet.

Para muchos padres de familia, dijo, la educación de hijos que eran diferentes era “una ocasión para el crecimiento que los introducía a redes sociales que nunca imaginaron”.

Dijo: “Eso enriqueció las vidas de quienes dijeron que podían ver un lado positivo de tener un hijo que fuera diferente”.