La búsqueda del pinot en el valle Anderson

Los vitivinicultores californianos comparten una vocación con los monjes cistercienses de la Edad Media: una búsqueda incesante para encontrar los mejores lugares para cultivar la pinot noir. Al paso de los siglos, los monjes se asentaron en el corazón de Borgoña, ahora famosa como la Cote d’Or, junto con unos cuantos sitios dispersos en Alemania, mismos que apenas ahora están cristalizando. En California, continúa la búsqueda.

Desde hace años, se han estado realizando experimentos con pinot noir, dignos de la devoción monacal, en California. ¿Por qué otra razón alguien se retiraría a una colina de piedra caliza en medio de la nada, como hizo Josh Jensen al establecer Calera en las remotas montañas Gavilan? ¿O sembrar vides en el aislamiento magnífico de la verdadera costa de Sonoma? ¿O en el túnel ventoso de las colinas de Santa Rita en el condado de Santa Barbara? ¿O en las laderas apenas accesibles de las montañas Santa Cruz?

Cada uno de estos sitios ha argumentado en forma convincente para que se le incluya en el olimpo de la pinot noir. Yo agregaría al valle Anderson en el condado Mendocino, otra región distante que, aunque un creciente número de productores de pinot noir la ha abrazado en la última década, sigue deleitándose con su aura de autosuficiencia.

Al menos en el mapa, Mendocino no parece tan lejano, a apenas unas tres horas de San Francisco, justo al norte del condado Sonoma. No obstante, algo en Mendocino se siente aislado y desolado, poderosamente, lo cual inspira sensaciones de sobrecogimiento, misterio y hasta un poco de amenaza.

¿Perdición inminente? Quizá una noción extravagante, pero no inapropiada para la pinot noir, la proverbial “femme fatale” de las uvas.

Aunque los viñedos están a lo largo y ancho de Mendocino de la desviación de la carretera 101, la mayor parte de la pinot noir se siembra en el valle Anderson, una franja de terreno nebuloso, bisecada por la ruta estatal 128, orientada de sureste a noroeste, que señala hacia el Pacífico. Se cultivan las uvas en gran parte entre las ciudades de Boonville y Navarro, suficientemente cerca del océano para que las brizas del Pacífico las refresquen, pero protegidas de toda la ira de sus vientos.

El cambio ha sido una constante en el valle Anderson. Muchos de los productores más emocionantes de Mendocino, que hacen pinot noir, no estaban ahí hace 15 años, como Anthill Farms, Copain, Kutch, Lioco y Rhys. De hecho, muchos de los mejores productores ni siquiera están en Mendocino, aunque algunos han comprado terrenos para viñedos ahí. La mayoría compra las uvas a los viñedos de Mendocino y las transporta a sus bodegas, por lo general, en Sonoma. Es difícil generalizar sobre las pinot noir del valle Anderson. Aunque siempre he podido encontrar estilos que prefiero – cuerpos más ligeros, frescos y energéticos _, también ha prevalecido el más grande, más dulce y más potentemente afrutado. Es difícil determinar cuándo un vino refleja las intenciones de un vinicultor y cuándo expresa las características de una región. Aun en el valle del Río Ruso, mejor conocido por sus pinot noir que muestran los sabores exuberantes y potentes de la fruta negra y la cola, algunos vinos se hacen en un estilo completamente distinto, enfatizando los sabores florales y a frutas rojas.

Para llegar a entender mejor los pinot noir de Mendocino, el panel de vinos cató recientemente 20 botellas, en su mayor parte del valle Anderson, y casi todas de la cosecha 2009. Para la cata, se nos unieron a Florence Fabricant y a mí, Blue Pilkinton, un sumiller en el Café Boulud y originario de Nueva Zelanda, otro país que también busca sitios grandiosos para la pinot noir, y Kristie Petrullo, quien dejará su empleo como sumiller en jefe en Jean Georges para iniciar su firma Petrullo Wine Consulting.

Aunque hubiésemos estado buscando que la cata confirmara un estilo predominante en las pinot noir del valle Anderson, no encontramos ninguno. Como ha sido mi experiencia, hubo todo tipo de vinos, algunos vibrantes y finos, y otros, dulces y potentemente afrutados; unos armoniosos, otros inconexos. Todos encontramos una brecha entre los vinos que nos gustaron y los que no nos gustaron.

Debo señalar que muchos de los principales pinot noir de Mendocino no fueron parte de nuestra cata. Compramos todos los vinos al menudeo, y los de un solo viñedo de bodegas como Anthill Farms, Littorai, Kutch y Copain son caros y muy difíciles de encontrar. Rhys, cuyos pinot noir de las montañas Santa Cruz están entre los mejores de Estados Unidos, se aventuró hace unos años a sembrar un viñedo en el valle Anderson. Su pinot noir viñedo Bearwallow es espléndido, pero su precio al menudo, al menos en Nueva York, estaba más allá del límite del panel de vinos de 100 dólares por botella.

No obstante, incluimos vinos regionales de Anthill y Copain en nuestra cata, y les fue bien a ambas. De hecho, nuestra botella número uno fue una Anthill Farms 2009, equilibrada y vivaz, pero quizá sin la complejidad de los vinos de un solo viñedo de la bodega. También fue nuestro mejor valor, en 37 dólares. Asimismo, el vino Les Voisins 2009 de Copain, nuestro número cuatro, estuvo vivaz, brillante y armonioso, aunque no tan intenso y matizado como, por decir, sus vinos del viñedo Kiser.

Twomey, propiedad de Silver Oak Wine Cellars, la famosa bodega cabernet, no encaja en el modelo de Copain y Anthill del pequeño vinicultor boutique. No obstante, su pinot noir Anderson Valley 2009 fue uno de nuestros favoritos, más grande y más suave, pero tanto con refinamiento como con intensidad. Nuestra botella número tres fue una Nasy Mill Vineyards 2009 de Husch, una bodega conservadora de Mendocino que se fundó hace más de 40 años. A diferencia de las más nuevas y más centradas, Husch hace 22 vinos diferentes, una razón, quizá, por la que, en lo general, encuentro desiguales a sus vinos. Sin embargo, el Nash Mills 2009 estuvo bonito, picante y floral.

Se pueden apreciar los dos lados de Mendocino en nuestras dos siguientes botellas, las cuales se hicieron con uvas del viñedo Savoy. La número cinco, Benovia Savoy Vineyard, tenía el estilo grande y moderno, con bastantes sabores a robe y fruta dulce, pero equilibrada e integrada. La número seis, Radio-Coteau, también tenía sabores dulces de fruta oscura, pero el vino era más fresco, más vivaz y más compacto. El mismo sitio, más o menos, pero filosofías diferentes. Al panel en general, le gustó más el Benovia, pero el Radio-Coteau es más de mi estilo.

Mencioné que casi todos los pinot noir eran del valle Anderson, salvo por uno, el Drew 2009, aciruelado e intenso, era del viñedo Valenti en Mendocino Ridge, una zona justo al oeste del valle Anderson, en varias crestas no contiguas, a por lo menos 366 metros de altura, por encima de la niebla. Es una zona mejor conocida por la uva zinfandel, pero varios productores, como Drew, metieron viñedos hace poco. Es otro signo de la compulsión por buscar nuevos sitios en California para cultivar pinot noir.