
PARIS – Temprano un jueves por la mañana en julio de 1942, más de 4,000 policías salieron en parejas a las calles del París ocupado, portando órdenes de aprehensión para veintenas de judíos, hombres, mujeres y niños. En cuestión de días, se había juntado a 13,152 personas para deportarlas a los campos de la muerte. Sobrevivirían no más de 100.
No fueron los ocupantes nazis quienes planearon y realizaron las detenciones masivas, las mayores en la Francia del tiempo de la Segunda Guerra Mundial, sino los franceses. Esa difícil realidad, negada por años, oculta, ignorada u olvidada a propósito, se acepta cada vez más en esta ciudad, dicen historiadores y funcionarios franceses, como parte de un ajuste de cuentas general con el pasado incómodo de Francia durante la guerra.
El 70 aniversario del oscuro episodio – conocido como la redada Vel d’Hiv, por el velódromo al que llevaron a muchos de los detenidos – trajo consigo una oleada de conmemoraciones este julio, con ceremonias oficiales, exposiciones en museos, amplia cobertura en medios informativos y un discurso del presidente François Hollande.
Quizá lo más elocuente, no obstante, sea una modesta exposición en el edificio municipal del Tercer Distrito en el centro de París, donde la policía nacional exhibe por primera vez los documentos en los cuales se registró la operación a todo detalle, administrativamente frío.
Décadas después de la guerra, dicen historiadores, la policía se resistió a dar una explicación pública de sus acciones durante la ocupación alemana y el gobierno colaboracionista en Vichy, restringiendo el acceso a sus archivos mientras batallaban con el mismo enredo de orgullo, culpa y vergüenza que marcó a gran parte de la sociedad francesa. La policía estuvo especialmente reticente, dijo Tal Bruttmann, un experto en el periodo Vichy, “porque fueron ellos los que realizaron las aprehensiones”.
La exposición en el edificio municipal es simbólica de una memoria que se ha “suavizado” en gran medida, dijo Bruttmann. “Pareciera que se están responsabilizando por esta historia”.
Bajo los pilares de mármol y la cúpula dorada en el salón, el visitante puede examinar la circular policial de nueva páginas, marcada como secreta, en la que se especifica a los judíos no franceses como blancos de la operación, hombres entre los 16 y los 60 años de edad y mujeres de 16 a 55. “Se sacará a los niños menores de 16 años al mismo tiempo que a los padres”, se lee en el papel amarillento.
“Los equipos encargados de las detenciones tendrán que proceder con la mayor velocidad posible, sin palabras inútiles y sin comentarios”, dice la directiva. “Más aún, al momento de la aprehensión, no deberá discutirse lo bien fundado o lo mal fundado de esta aprehensión”.
Autobuses transportarían a los detenidos hasta un campo de tránsito en Drancy o al Vélodrome D’Hiver, el enorme velódromo techado en el Distrito 15. Se puso cuidado en insistir en la circular en que las ventanillas del autobús “deben permanecer cerradas”.
También en exhibición, está una nota fechada el 21 de julio de 1942, cinco días después del inicio de la redada, en la que se expone una lúgubre aritmética: “Hombres: 3,118; mujeres: 5,919; niños: 4,115; o, en total: 13,152 aprehensiones”.
A pesar de la magnitud de la operación Vel d’Hiv, los investigadores han encontrado pocos papeles que la documenten. En el nombre de la unidad nacional, el gobierno francés de la posguerra ordenó destruir todos los documentos relacionados con el trato hacia los judíos durante la ocupación, una especie de olvido nacional impuesto. (En otra vitrina, se muestra una directiva de 1946 dirigida a todos los prefectos del país en la que se les instruye: “ya no debe quedar ningún rastro de la legislación excepcional instituida bajo la ocupación, y se deberán destruir todos los documentos basados en el estatus judío”.)
Sin embargo, por razones que no están claras, no se destruyeron y se ignoraron los registros de dos comisarías policiales en el Tercer Distrito. Se redescubrieron por casualidad hace como una década.
La exhibición es en gran medida obra de Charles Tremil, de 77 años, retirado, quien dirige una asociación histórica local y solicitó a la administración policial permiso para mostrar los documentos. Detuvieron a su madre y hermano mayor el 16 de julio de 1942; murieron en Auschwitz. Tremil, a la sazón un niño pequeño, se ocultó en las afueras de París durante la guerra.
La administración policial está “consciente de que le incumbe el deber de la memoria”, dijo Bernard Boucault, el prefecto de la policía de París, en la inauguración de la exposición en julio.
Tremil, al hablar sobre la exposición, dijo: “La prefectura de policía tuvo el valor de hacerlo. Hace unos años, no habría sido posible”.
El vínculo de la policía con las difíciles realidades de la guerra no se limita a la redada Vel d’Hiv. Maurice Papon, por ejemplo, un ex gobernante en Vichy, fungió como prefecto policial de París después de la guerra, antes de que lo condenaran en 1998 por complicidad en los crímenes nazis contra la humanidad.
El primer reconocimiento oficial de la amplia culpabilidad francesa por la redada Vel d’Hiv se produjo en 1995, cuando el entonces presidente Jacques Chirac habló de la “maldad colectiva” de la nación en el aniversario de la operación. Desde entonces, Francia se ha tomado el trabajo de tratar ese capítulo oscuro. Una comisión gubernamental establecida en 1999 ha pagado indemnizaciones a decenas de miles de familias cuyas propiedades se confiscaron durante la guerra, por ejemplo.
“A los mártires judíos del Vélodrome d’Hiver, les debemos la verdad sobre lo que pasó hace 70 años”, dijo Hollande en el sitio donde estuvo el Velódromo de Invierno, demolido hace mucho tiempo. “La verdad es que el crimen se cometió en Francia, por Francia”.
Al hacerlo, Hollande rompió con su mentor y héroe de la izquierda francesa, François Mitterrand, quien se negó a reconocer la responsabilidad general de Francia en la operación. Mitterrand, quien fungió como funcionario de bajo nivel en Vichy antes de integrarse a la resistencia, declaró en 1992, cuando era presidente, “No le pidamos cuentas a la República”.
Mitterrand insistió en hacer la distinción entre una República ideal, irreprochable, y un “Estado francés” traidor en la guerra, y la semántica sigue siendo polémica. Las referencias de Hollande simplemente a “Francia” generaron críticas de algunos políticos de oposición, quienes dijeron que asignaba culpas en forma demasiado general.
Pascale Hassoun, de 69 años, una psicóloga, visitó la exposición policial el día de su inauguración. “Autentica cosas”, dijo suavemente en el salón de mármol que resonaba.
La familia de Hassoun “no quiso ser totalmente consciente” de los horrores que se cometieron durante la guerra, dijo. “El primer reflejo es no saber”, dijo. “No es negación; más bien, es una ignorancia deliberada”.
“Necesitamos aprender a vivir con esta mancha”, señaló, ya que no se puede expiar el pasado del país. “Nunca vamos a poder hacer suficiente”.

Ed Alcock/The New York Times





















