DE HABITACION EN HABITACION, SALTANDO ENTRE PALACIOS EN POLONIA

NUEVA YORK – Cuando era una niña pequeña que vivía en Texas y visité a mi familia en Polonia, mi abuelo siempre nos llevaba a los palacios. Había sido historiador y curador de arte de un par de palacios en los alrededores de Varsovia durante algunos de los años más sombríos del comunismo en Polonia, y aun cuando yo era demasiado joven para comprender esa era, o gran parte de la complicada historia de Polonia, supe que a través de estos palacios se había preservado parte de Polonia y su gloria alguna vez lujosa. Mi imaginación evocaba imágenes de princesas que corrían por pasillos fastuosamente decorados y grandes salones con eco.

Hay unos 250 palacios en la provincia que rodea a Varsovia y unos 2,800 en toda Polonia. La mayoría fueron construidos por reyes o aristócratas en los siglos XVII y XVIII; desde entonces, los ministerios de gobierno han restaurado muchos de ellos, los cuales ahora fungen como museos.

Los palacios en las afueras de la ciudad representan grandiosos destinos para viajes de un solo día, y la mayoría son accesible por autobús o tren. El verano pasado, pasé una semana saltando de un palacio a otro en y alrededor de Varsovia, revisitando algunos de los palacios que había visto cuando era pequeña. He aquí cinco donde me sentí transportada a otras épocas de la historia polaca.

PALACIO NIEBOROW

Un reducto de opulencia en una pequeña aldea rural a unas dos horas al oeste de Varsovia, el Palacio Nieborow ha cambiado muy poco desde que la aristocrática familia Radziwill lo obtuvo a fines del siglo XVIII. Construido en 1694 por un cardenal, ejemplifica la arquitectura barroca polaca. También tiene una cualidad de estar congelado en el tiempo: los senderos en el parque circundante siguen sin pavimentar; la cubertería de plata se saca para las fiestas. En Vísperas de Año Nuevo, los huéspedes que se quedan en el palacio anotan sus deseos para el año entrante, los queman en la biblioteca y depositan las cenizas en su champaña; como hacían los Radziwill.

“El tiempo se mueve lentamente aquí, y el palacio es el mismo que hace 200 años; el mismo parque, las mismas habitaciones, las mismas tradiciones”, me dijo Jan Prokopowicz, el archivista del palacio.

A través de los siglos, los Radziwill fueron una de las familias más prominentes de Polonia. En 1959, Stanislaw Radziwill se casó con Lee Bouvier, la hermana de Jackie Kennedy, lo que hizo conocido el apellido para los estadounidenses. Durante la ocupación de la Segunda Guerra Mundial, la familia vivió en el palacio junto con oficiales nazis de alto rango, mientras combatía activamente contra ellos en el movimiento clandestino, según curadores pasados.

Contra toda probabilidad, los Radziwill – y el palacio – sobrevivieron. Después de la guerra Nieborow se convirtió en museo; mi abuelo posteriormente se convirtió en su curador por 25 años. Muchas veces recorrimos las 10 habitaciones del museo que constituyen el museo, admirando los costosos muebles, las chimeneas de azulejos y una biblioteca de libros centenarios. Caminamos por el parque, que comprende campos de trigo, arbustos de rosas y antiguos tilos.

Pero el palacio es más que un museo. En 1945, Stanislaw Lorentz, amigo de los Radziwill y director de tiempo de guerra del Museo Nacional en Varsovia, lo convirtió en un refugio creativo para los artistas que huían de la Varsovia desgarrada por la guerra, y posteriormente comunista. Escritores bien conocidos como Ryszard Kapuscinski y Tadeusz Borowski, el cineasta Andrzej Wajda y artistas extranjeros como Pablo Neruda estuvieron entre los muchos artistas en residencia rotativos del Nieborow.

Una versión de esta colonia de artistas aún funciona; los huéspedes comen juntos en una mesa de caoba adornada con floreros de flores frescas y duermen en las habitaciones de huéspedes del tercer piso. (Las habitaciones de huéspedes son pricnipalmente por recomendación; principalmente para artistas invitados.)

EL CASTILLO REAL (ZAMEK KROLEWSKI)

En el corazón de Varsovia se ubica la Ciudad Vieja, una red de calles adoquinadas, iglesias y casas coloridas que se extienden desde el Castillo Real. Las yuxtaposiciones extrañas no son inusuales. Durante nuestra visita, carruajes tirados por caballos enfrente del castillo compartían el escenario con adolescentes con cortes de cabello extravagantes que tamborileaban sobre latas de pintura, maletas y botellas de jugo. Un hombre en traje folclórico vendía rosas cerca de un bailarín moderno que se movía a la sombra de la torre del castillo.

El castillo ha sido un punto focal de la ciudad desde que fue la residencia primaria de los reyes polacos, que gobernaron hasta el siglo XVIII, y la sede del gobierno. Pero así como el país se ha recuperado continuamente después de siglos de divisiones, guerras y revueltas políticas, también lo ha hecho el castillo. Una y otra vez fue destruido por incendios y ejércitos invasores y, cada vez, también, fue reconstruido con optimismo.

Durante la Segunda Guerra Mundial, 85 por ciento de Varsovia fue quemada al ras, incluido el Castillo Real. Fotografías a la entrada del museo del castillo muestran al mismo reducido a pilas de escombros; pero incluso entonces fue fielmente reconstruido. Usando fotografías y antiguos planos, los conservacionistas recrearon todo: arte (parte del cual había sido ocultado en los sótanos antes de lo peor de la guerra), habitaciones, molduras, intrincados parquets y las 86 águilas polacas que tachonan el trono real.

PALACIO WILANOW

Frente al Palacio Wilanow, en las afueras de Varsovia, escuché a una niña decirle a su hermano: “Mira, aquí es donde se detienen los carruajes y todas las damas de honor descienden para entrar al palacio”. De hecho, este palacio ahora funciona también como museo, pero al verlo se puede perdonar fácilmente a la niña su imaginativa descripción.

El exterior amarillo de la estructura luce como un pastel de cumpleaños cuidadosamente decorado, tachonado con querubines de piedra y estatuas de las antiguas musas griegas. El rey del siglo XVII Jan III Sobieski construyì Wilanow como casa de verano para su reina francesa. Y, ciertamente, con su larga estructura baja y dos alas perpendiculares que encierran un patio, se parece a los palacios de Europa Occidental más que cualquier de los demás que visité.

El extenso museo interior se enfoca principalmente en las habitaciones de la pareja real conservadas, incluidas una capilla, una biblioteca de mármol que rinde homenaje a los pensadores griegos y una enorme estatua que Sobieski erigió de sí mismo atrapando a turcos (a quienes combatió en 1683). Es fácil imaginar el palacio lleno de damas con vestidos largos y pelucas empolvadas, sentadas en los delicados muebles y paseando por los largos pasillos de mármol o el frondoso parque que oculta a la ciudad más a lo lejos.

EL PALACIO EN LA ISLA Y EL PALACIO MYSLEWICKI

En medio de los enormes Jardines Lazienki en el centro de Varsovia, pasando una estatua de Chopin y pavorreales que deambulan libremente por el parque, está el Palacio en la Isla. Fiel a su nombre, se sitúa de manera surrealista en un lago, sobre una isla apenas más grande que el edificio.

Cerca hay otros palacios más pequeños, incluida la encantadora Casa Blanca, con un salón lleno de delicadas pinturas de animales, y el Palacio Myslewicki. Me reuní con la curadora del palacio, Iwona Zarebska, quien me mostró los tres edificios, todos construidos por el último rey de Polonia, Stanislaw August Poniatowski.

“La mayor parte de este palacio también quedó en ruinas durante la Segunda Guerra Mundial”, me dijo Zarebska, mientras caminábamos por el Palacio en la Isla, alguna vez la residencia principal del parque. “Sólo algunos de los cimientos y muros bajos y algunos artefactos quedaron intactos”. El edificio ha sido exquisitamente restaurado y ahora rebosa de candelabros de cristal y acentos dorados.

También tiene una vigorosa herencia política. Zarebska me mostró la habitación en el Palacio Myslewicki donde los embajadores de Estados Unidos y China se reunieron por primera vez en 1958. Corrieron las cortinas en la habitación y se comunicaron sólo pasándose notas entre sí, temerosos de ser espiados. El palacio también ha albergado a Napoleón y Richard Nixon, y ofreció una residencia privada el año pasado para el presidente polaco, Bronislaw Komorowski, durante los meses en que Polonia ejerció la presidencia de la Unión Europea.

PALACIO OTWOCK WIELKI

Unos 32 kilómetros al sur de Varsovia se ubica el adormecido Palacio Otwock Wielki, alguna vez un sitio popular donde reyes y presidentes acudían de visita y albergaban a sus huéspedes. Quizá fue la ubicación relativamente distante lo que atrajo a los líderes de Polonia aquí; o quizá fue algo en los visualmente deslumbrantes fachada blanca y tejado rojo del palacio, o su salón de baile flanqueado por ventanas.

Miroslaw Budzynski, el curador, no dejó de contarme anécdotas sobre presidentes, retratos y pianos, mientras sus palabras hacían eco en los grandes salones decorados con muebles barrocos y frescos elaborados. Pero la historia más reciente también está representada. “Esta habitación es interesante; aquí tiene el mobiliario de oficina de Jozef Pilsudski”, dijo Budzynski, refiriéndose al estadista que llevó a Polonia a la independencia en 1918. “Su escritorio, pinturas de su oficina, la cama en que murió. La historia aquí es sencillamente palpable”.

Afuera, bebimos té con la familia de Budzynski, luego dimos un paseo mientras su hija recogía flores silvestres al lado del camino.

Children inside the Queen's bedroom during a school trip at Wilanow Palace in Warsaw, Poland, May 29, 2012. The luxurious structure is one out of five palaces in and around Warsaw that capture different eras of Polish history. (Piotr Malecki/The New York Times) -- PHOTO MOVED IN ADVANCE AND NOT FOR USE - ONLINE OR IN PRINT - BEFORE JUNE 17, 2012. -