RESTOS DE LA SEGUNDA GUERRA MUNDIAL PERMITEN EL RETORNO DE EU A BIRMANIA

MYITKYINA, Birmania – En las montañas envueltas por la niebla al norte de esta ciudad, hacia la frontera con China, murieron más de 700 pilotos estadounidenses que transportaban suministros de guerra en aviones de carga, pesados y voluminosos, en las etapas finales de la Segunda Guerra Mundial.

Ahora, a medida que mejoran las relaciones entre Estados Unidos y Birmania, el Pentágono busca obtener el permiso de los birmanos para recuperar los restos de los estadounidenses perdidos, diseminados en partes del territorio más agreste del sureste asiático.

Los sitios donde se estrellaron los aviones quedaron tan bien ocultos que hasta en un viaje por autobús a lo largo de parte de la carretera Ledo, que fuerzas estadounidenses abrieron a machetazos en la selva, los habitantes señalaban al horizonte diciendo: “Por allá” o “Lejos de aquí”, cuando se les preguntaba por la ubicación exacta de esos lugares.

Históricamente, Estados Unidos ha intentado reparar las relaciones con los que fueron sus enemigos, solicitando permiso para recuperar los restos de estadounidenses registrados como desaparecidos en acción o como prisioneros de guerra. Esa práctica permite que dos ejércitos contrarios se reúnan por razones humanitarias en lugar de por cuestiones de seguridad, y ofrece a los estadounidenses una oportunidad para entrar en territorio anteriormente prohibido, que al paso del tiempo puede volverse más cordial.

Algunos de los primeros contactos oficiales con Vietnam en la posguerra, se dieron una década después del final de los combates, cuando los ejércitos estadounidense y vietnamita iniciaron una cooperación tentativa que gradualmente se fortaleció a medida que progresaba la búsqueda de soldados estadounidenses desaparecidos.

El Pentágono se había acercado a Corea del Norte para solicitar ayuda para recuperar los restos de soldados estadounidenses desaparecidos en acción durante la guerra coreana, pero el plan se canceló en marzo después de que Corea del Norte anunciara su intención de lanzar un cohete, mismo que en abril se desbarató poco después del despegue.

Robert Newberry, un subsecretario adjunto de defensa, estuvo en Birmania en febrero para iniciar las negociaciones para realizar operaciones que permitirían a funcionarios militares estadounidenses y expertos forenses excavar en los sitios de los choques y llevar cualesquiera restos que se descubran de regreso a Estados Unidos.

Algunos esfuerzos en 2003 y 2004 produjeron sólo resultados modestos y provocaron enojo.

En dos misiones distintas, equipos estadounidenses empezaron la búsqueda de restos en sitios donde se estrellaron aviones en los alrededores de Myitkyina, pero avanzaron poco antes de que el clima político de Birmania se descompusiera y tuvieran que salir, dijo Johnie E. Webb, Jr., subcomandante del Joint POW/MIA Accounting Command del Departamento de la Defensa en Hawái.

Las oficinas centrales de las nuevas operaciones bien podrían volver a estar aquí, en Myitkyina, la ciudad que las fuerzas estadounidenses, comandadas por el general Joseph W. Stilwell, capturaron tras llegar a dominar parte del territorio más duro de la guerra en el verano de 1944, dijo Webb.

El combate para tomar Myitkyina, ahora un centro comercial bullicioso, con creciente influencia china, se llevó a cabo en gran parte para ayudar a los pilotos estadounidenses que tenían que volar muy al norte para evadir a la artillería japonesa, concentrada alrededor de la ciudad. Sin embargo, la ruta más al norte llevaba a los aviones al Himalaya, o “La Joroba”, como se le decía durante la guerra.

Con sólo equipo rudimentario de navegación en los aviones de carga C-47, los pilotos volaban, esencialmente, sin instrumentos. Se perdieron aproximadamente 180 aviones y unos 730 pilotos estadounidenses, notó Webb.

Los aviones de carga, con tripulaciones de dos o tres, transportaban suministros de las bases de los aliados en India hasta China, donde Stilwell intentaba persuadir a un obstinado general Chiang Kai shek para que peleara contra los japoneses en lugar de contra las fuerzas comunistas de Mao Zedong. También se estrellaron en la selva los bombarderos estadounidenses, con tripulaciones de nueve a 11 hombres, a los que se mandó en misiones contra los japoneses.

Howa Zau Gam, de 84 años, del grupo étnico kachin en Birmania, peleó junto a los estadounidenses contra los japoneses. En una entrevista en su casa en Myitkyina, dijo que le encantaría asistir en un nuevo esfuerzo de recuperación.

“Es mi deber ayudar porque los estadounidenses nos liberaron de los japoneses y los colonialistas británicos”, dijo en un inglés impecable, el cual usaba de joven para recopilar inteligencia y fungir como intérprete de fuerzas estadounidenses en tierra.

Un certificado en la pared de la sala de Howa, firmado por el general Dwight D. Eisenhower, nota que estuvo entre los 400 exploradores kachines que combatieron a 700 soldados japoneses en una batalla de 12 horas. A los japoneses, según el documento, los apoyaba la artillería, pero los kachines mataron a 281 enemigos, y sólo perdieron siete de los suyos.

Los intentos en 2003 y 2004 para encontrar restos de algunos de los pilotos derribados estuvieron llenos de problemas, dijo Howa.

Se encontraron restos de aviones en tres o cuatro sitios, pero intermediarios birmanos pagaron muy poco a los trabajadores locales que guiaron a los estadounidenses allá, por lo cual se disgustaron y entorpecieron la eficiencia y el éxito de las operaciones, dijo Howa. En un caso, los guías llevaron a los estadounidenses por caminos erróneos y vertieron arena tamizada sobre restos de aviones que se habían examinado al finalizar la guerra, explicó.

En total, se devolvieron a los familiares los restos de siete estadounidenses después de la operación de 2004, dijo Webb. Las posibilidades de identificar muchas más osamentas, dientes o equipo recuperados son bastante buenas, dijo.

El suelo birmano no es tan ácido como el de Vietnam, donde los especialistas forenses batallaban a veces para identificar los fragmentos que encontraban, dijo Webb. Aun así, se han regresado a los familiares más de 900 conjuntos de restos de fuerzas estadounidenses de la guerra de Vietnam, contó.

El intenso calor tropical en el norte de Birmania no es necesariamente un obstáculo. En Papúa Nueva Guinea, donde murieron tropas estadounidenses en selvas montañosas y húmedas, los restos que desenterraron equipos del Pentágono estaban bastante bien preservados, explicó Webb.

El estadounidense Clayton Kuhles dijo en entrevista telefónica que en un esfuerzo no oficial para recuperar restos, liderado por él, se han excavado seis sitios donde se estrellaron aviones estadounidenses alrededor de Myitkyina.

Kuhles, quien trabajó con guías, cargadores e intérpretes kachines, dijo que cree que hay restos de pilotos estadounidenses en las locaciones, y que está en contacto con el Pentágono para realizar más exploraciones.

Aunque se suponía que las búsquedas de restos de estadounidenses en décadas anteriores pavimentarían el camino para tener mejores relaciones con Birmania, resultó que no fue ese el caso. En un esfuerzo por honrar a los soldados de Estados Unidos que murieron en las batallas en tierra en el norte de Birmania, un escultor birmano vació una estatua de un soldado con un guía kachin a solicitud de veteranos estadounidenses de la guerra, contó Howa. La intención era colocarla en Myitkyina, donde se han erigido varios monumentos a combatientes japoneses con permiso de las autoridades birmanas.

Sin embargo, en 2004, durante un periodo especialmente lleno de problemas en las relaciones diplomáticas entre Birmania y Estados Unidos, se consideró que era inoportuno exhibir públicamente la estatua. El escultor tuvo que huir del país por temor a la persecución por parte del ejército, dijo Howa.

Actualmente, la estatua en tamaño natural está guardada detrás de los muros de la embajada estadounidense en Yangón, a la espera del tipo de reconciliación entre Estados Unidos y Birmania que permita que se pueda develar en público en Myitkyina.

Howa Zau Gam, 84, who helped fight the Japanese in World War II and still lives in an area where hundreds of Americans died, at his home in Myitkyina, Burma, March 13, 2012. In an effort to bolster improving relations, the Pentagon is seeking permission from the Burmese to recover the remains of Americans killed in World War II. (Sim Chi Yin/The New York Times)