SE ESFUMA PLANTA NUCLEAR. Y SUEÑO

MORONG, Filipinas.- Es la planta nuclear de los arrepentimientos, de lo que pudo haber sido, para una generación de científicos filipinos que había soñado con llevar energía nuclear a este país hambriento de electricidad.

La Planta de Energía Nuclear de Bataan en esta localidad se encuentra aproximadamente a 72 kilómetros al oeste de la capital del país, al otro lado de la bahía de Manila y casi en la punta de una península rica en resonancia histórica y actividad volcánica. Concluida en 1984, parecía destinada a convertirse en la primera planta nuclear en operación en el sureste de Asia.

El uranio era traído en camiones, transportado previamente en avión desde Estados Unidos en un Boeing 747 alquilado y, para 1986, los operadores ya estaban listos para un penúltimo paso conocido como cargar el núcleo.

Entonces se produjo el desastre de Chernóbil, que dio origen a que Filipinas metiera a la congeladora la planta de Bataan. El año pasado, justo al tiempo que años de paciente cabildeo por parte de defensores de la energía nuclear al parecer estaba rindiendo fruto, ocurrió el desastre nuclear de Fukushima.

“Podríamos haber sido el primer país nuclear en el sureste de Asia, pero no fuimos capaces de lograrlo”, dijo Mauro Marcelo, ingeniero nuclear en la Compañía Nacional de Luz, la empresa estatal de servicio público. “Hay varias fechas en las que pudimos convertirnos en un país nuclear, pero cada vez ocurrió un suceso catastrófico. No necesitamos contratar expertos nucleares sino maestros de feng shui para deshacernos de la mala suerte”.

Aún recuperándose de Fukushima, los dueños de la planta han decidido convertirla en una atracción turística, presentando un recorrido por el edificio de contención. La planta, que nunca ha generado un solo vatio de electricidad, actualmente produce ingresos derivados del flujo de turistas proveniente de las Filipinas y el extranjero, particularmente de Japón. Los recorridos por la planta, cuyos propietarios remataron el uranio en 1997, se reservan con varios meses de antelación, comentó Dennis Gana, un portavoz de la empresa de servicio público.

En un recorrido reciente, los partidarios de la planta de Bataan se sintieron claramente animados por el sorprendente éxito del proyecto turístico. Ahora exponen el argumento a favor de la energía nuclear para cautivar al público, describiéndola como crucial para las Filipinas, cuya economía está paralizada por una de las mayores tarifas de electricidad en Asia debido a su dependencia a combustibles fósiles.

Las Filipinas, el primer país del sureste asiático que considera la energía nuclear, destacaron, ahora estaba rodeado de naciones que están tomando medidas enfocadas a adoptar la energía nuclear, como Vietnam y Malasia. Filipinas, superada por sus vecinos en desarrollo económico, terminaría rezagándose incluso más.

Condujeron a los turistas al interior de la planta, la cual había sido abandonada casi como estaba cuando Westinghouse la construyó hace un cuarto de siglo. Un teléfono verde de disco - una línea abierta a la oficina del presidente del país - yacía de manera prominente en la principal sala de control.

El puñado de empleados a cargo de la “preservación” de la planta condujo expertamente a los visitantes a través de un laberinto de gruesos muros de concreto y puertas de acero al interior, mismos que han sido envueltos por la humedad tropical. Con un sentido de teatralidad apropiado para sus nuevos deberes, organizaron un recorrido de modo tal que desembocara en el plato fuerte: el reactor de agua presurizada que yacía casi al alcance de la mano desde un puente de acero en lo alto.

“En el mundo, solo aquí puedes entrar a un edificio que contiene un reactor y ver por ti mismo un reactor real”, destacó Reynaldo Punzalan, técnico que ha estado trabajando en el sitio desde 1979 y ahora encabeza un equipo de preservación de 20 personas.

Para Punzalan, guiar a turistas redimía, quizá un poco, un cuarto de siglo de frustración: inspecciones visuales a diario de la planta desierta, siendo la rutina aliviada solo por la rotación mensual de turbinas de vapor y persistentes dudas sobre si “empezarían a operar la planta algún día”.

El sueño de generación de energía nuclear en las Filipinas se remontaba incluso más atrás, a la década de los 50, con la influencia del programa Átomos por la Paz del Presidente estadounidense Dwight D. Eisenhower. A comienzos de los 60, las Filipinas comisionó un reactor de investigación nuclear donado por Estados Unidos.

La suerte de la planta de Bataan también había sido vinculada a los ambages del a política filipina, o más específicamente a la disputa entre las familias Marcos y Aquino que ha moldeado a Filipinas de una u otra manera a lo largo de las últimas cuatro décadas. Muchos de los detractores originales y actuales de la planta se oponen a ella porque fue un proyecto de Ferdinand Marcos, gobernante apoyado largamente por Estados Unidos.

El costo de la planta, originalmente estimado en 1,200 millones de dólares, con el tiempo se disparó a 2,300 millones de dólares, y se cree que ha llenado los bolsillos de la familia Marcos y sus amigos. Fue Corazón C. Aquino, quien derrocó a Marcos en la revolución del “poder popular”, quien decidió meter la planta a la congeladora después de Chernóbil.

El hijo de Aquino, Benigno S. Aquino III, el actual presidente, ha declarado públicamente su oposición a revivir la planta. El mayor defensor de su rehabilitación ha sido uno de sus primos, Mark Cojuangco, ex integrante del Congreso cuyo lado de la familia se separó de la del presidente actual hace medio siglo y fue uno de los más firmes partidarios de Marcos.

En una entrevista, Cojuangco dijo que la política familiar era “irrelevante” para su impulso por rehabilitar la planta, misma que, destacó, debería seguir en manos del gobierno. Sus detractores se muestran escépticos. El padre de Cojuangco, Eduardo, controla San Miguel, el gigante de bebidas que ha estado avanzando hacia el sector de energía y ha expresado interés en adquirir la planta de Bataan.

Así que, por ahora, la política no favorece la rehabilitación de la planta. Y, por supuesto, aún persisten fuertes vientos contrarios provenientes de Fukushima.

Hace poco, una docena de turistas japoneses lanzó una andanada de preguntas dirigidas a Punzalan, el técnico, con cuestiones en torno a la seguridad de la energía nuclear. Uno de ellos, Fumie Shutoh, de 59 años, dijo que ella se había unido al recorrido para educarse con respecto a la energía nuclear.

“Debido a Fukushima, sentía que no podía confiar en lo que el gobierno nos había dicho sobre la energía nuclear”, explicó Shutoh.

Después de que se retirara el autobús del grupo japonés, Punzalan, de 57 años, quien aún no renuncia a la esperanza de ver operando a la planta antes de retirarse, dijo: “Fue un grupo difícil”.

Visitors tour the mothballed Bataan Nuclear Power Plant in Morong, Bataan, Philippines, Jan. 20, 2012. The owners of the plant, which has never generated a watt of electricity, decided to turn the facility into a tourist attraction last year, and it is now producing revenues from the flow of tourists from the Philippines and abroad, especially Japan. (Jes Aznar/the New York Times)