Nueva ley sobre cerveza marca respaldo cauto, con notas de pesimismo

MOSCÚ - Viktor, guardia de seguridad de 56 años de edad de Usinsk, en el norte ártico de Rusia, dijo que no se sentía particularmente convencido por una nueva ley en la que se declaró que la cerveza es una bebida alcohólica en vez de un producto alimenticio, y de esa manera se restringe su venta en estaciones del tren y los ubicuos kioscos que siguen siendo un elemento fijo de los negocios al menudeo a lo largo del país.

“No es una bebida espirituosa”, declaró llanamente, parado en la estación del tren de Leningradsky, en Moscú. “Es una bebida que mata la sed”.

“Con bebidas espirituosas, estoy de acuerdo, aplíquenles algunas sanciones”, prosiguió Viktor. “Hay cerveza que hacen, que no es realmente cerveza ni en lo más mínimo, de hecho es un espíritu. Sin embargo, la cerveza normal, la buena cerveza, no debería estar prohibida. No es correcto”.

Muy pocos temas generan mayor interés o reflexiones filosóficas más profundas en Rusia que el alcohol, y aquéllos que efectivamente lo hacen son discutidos invariablemente con unos tragos. En Rusia, que tiene una de las mayores tasas mundiales de alcoholismo y enfermedades relacionadas con el alcohol, el vodka sigue siendo la elección más popular. Sin embargo, la cerveza no se queda atrás. El ruso promedio bebe más de 4 galones de alcohol al año. La nueva ley, que entró en vigor el 1 de enero, apunta a reducir esas cifras. Prohíbe las ventas de cerveza de kioscos totalmente, y en otras tiendas de 11 p.m. a 8 a.m. Además, al igual que con mayores impuestos al alcohol en años recientes, se propone reducir el consumo de alcohol en público, particularmente la bebida casual en parques de la ciudad y paseos cubiertos de nieve que pueden empezar antes del desayuno y terminar después de medianoche.

Si bien es técnicamente ilegal, suele tolerarse el consumo de bebidas alcohólicas en espacios públicos como los antes mencionados.

Al igual que con otros temas de peso que generan feroz debate aquí - la calidad de los cines de Moscú; el nivel de seguridad nacional; la relativa grandeza de escritores y poetas - existen opiniones en conflicto con respecto a la nueva ley. Incluso algunas personas cuyos negocios sufrirán el impacto dijeron que apoyaban los objetivos del gobierno.

“Es mejor; quizá la gente beba menos”, dijo Natalya Novikova, quien trabaja en un kiosco en el Tsvetnoy Bulvar en el centro de Moscú, localizado en una plaza cerca de una estación del metro. “La gente en la plaza se relajaba, bebía cerveza, a toda hora”.

Después agregó: “Después del trabajo, tomaban una cerveza y ahora, bien, el gobierno necesita que la gente no beba”.

Estadísticas de la industria muestran que estos kioscos, los cuales abundan en las calles y suelen apiñarse alrededor de estaciones del tren subterráneo, representan aproximadamente 30 por ciento de las ventas de cerveza. En el kiosco de Tsvetnoy Bulvar, Novikova dijo que la cerveza por sí sola era el artículo más popular, representando casi 700 dólares de ventas al día.

Además, se prevé que la ley haga cuando menos una pequeña mella en las ventas para productores de cerveza. Ben Morton, portavoz de Carlsberg, que es la mayor cervecera en Rusia y controla aproximadamente 40 por ciento del mercado, incluida la marca Baltika, dijo que existían restricciones similares en otros países y que la empresa estaba bien preparada.

“Anticipamos cierta alteración potencial en el corto plazo”, dijo Morton, “pero no implicaciones considerables a largo plazo”. Algunos dueños y administradores de kioscos dijeron que sería difícil mantenerse en el negocio sin la venta de cerveza; otros destacaron que sobrevivirían pero que si se aplicaban restricciones similares a los cigarrillos, eso efectivamente equivaldría al final de ese tipo de kioscos.

“Es malo para los negocios, y hay grandes despidos de personal”, dijo Gigla Mebonia, el gerente del kiosco de Tsvetnoy Bulvar. “Para lugares como este es malo, pero, por otra parte, la ley se justifica en cuanto a que la gente beba menos”.

Vitally Kordyukov, de 37 años de edad, quien trabaja como chofer de automóvil particular y estaba caminado por ahí, dijo que estaba de acuerdo con las restricciones, incluso si el efecto pudiera ser limitado. “No es muy apropiado beber cerveza en una banca”, dijo Kordyukov. “Por supuesto, la gente seguirá bebiendo”.

Sin embargo, en la estación Leningradsky, donde los pasajeros están acostumbrados a comprar unas pocas cervezas antes de abordar un tren para viajar durante la noche, Yulia Semyonova, de 24 años de edad, y su novio, Kirill Vasko, de 26 años, dijeron que las nuevas restricciones no tenían sentido y eran inconvenientes. Si bien los kioscos tienen prohibido vender cerveza, los cafés siguen haciéndolo, pero a mayores precios y más lejos de las plataformas del tren.

“La gente no beberá menos”, dijo Semyonova, quien trabaja en ventas para una empresa de ingeniería en San Petersburgo. “La gente simplemente comprará alcohol más fuerte por adelantado y comprará incluso más”. Una cerveza que cuesta apenas poco más de 1 dólar en un kiosco costaría 2 dólares en un café, o más si se compra a bordo del tren. “Cuesta casi el doble”, dijo.

Vasko, quien trabaja en logística, dijo: “Un pecador debe tener su vicio; uno no debería meterse en ello. Como la prostitución o cualquier otra cosa, cada persona se tiene a sí misma. Quienquiera que desee beber, lo hará. Si alguien va a burdeles, entonces irá a burdeles. Es imposible parar”.

Viktor, el guardia de seguridad del norte, quien como muchos rusos se negó a dar su apellido por un temor no específico hacia las autoridades, dijo que la nueva ley estaba interfiriendo con una sociedad que podía remontarse a su amor por la cerveza más de 1,000 años atrás.

“Incluso antes de Moscú, estaba Kievan Rus, ¡e incluso en esa época había cerveza!” dijo, refiriéndose al estado eslavo del oriente que existió del año 800 al 1200.

Mientras empezaba con su exposición histórica, Viktor bajó una botella de cerveza más bien grande y habló cuidadosamente, arrastrando las palabras apenas un poco por la intoxicación.

“Ellos bebían cerveza en esa era como la bebida de nobles. Moscú aún no existía, solo Kievan Rus con sus ciudades, si conoce la historia, y en esa época la cerveza era normal”. Agregó: “Y yo bebo una bebida noble, una cerveza de Kiev llamada Oblon. la cerveza más normal”.

Viktor dijo que el otro gran error del gobierno era permitir la privatización del negocio de la cerveza y bebidas espirituosas tras la desarticulación de la Unión Soviética.

“Incluso en tiempos de los zares, era el negocio más lucrativo del estado”, destacó. “El hecho que tuvieran la producción del alcohol bajo control del estado llevaría mucho dinero a presupuestos estatales. Sin embargo, ahora está en manos privadas y ellos le están pagando kopeks al estado, al tiempo que logran millones de dólares en ganancias; un rublo para el estado y 10 para sí mismos. Todos lo saben, pero guardan silencio”.

A kiosk at the Leningradsky railroad station in Moscow, Jan. 3, 2013. A new law in Russia categorizes beer as an alcoholic beverage rather than a food product, thereby restricting its sale at train stations and from the sidewalk kiosks found throughout the country. (Olga Kravets/The New York Times)