Despiadadas bandas contrabandistas ponen a rinocerontes en la mira

PARQUE NACIONAL KRUGER, Sudáfrica – Definitivamente no parecían practicantes de la caza mayor comunes, la oleada de jóvenes tailandesas esbeltas que aparecieron en el descampado usando jeans azul claro ajustados y zapatillas deportivas.

Pero los cadáveres de rinocerontes seguían apilándose a su alrededor, y fue sólo después de que docenas de estos animales voluminosos y relativamente raros fueron abatidos y sus preciados cuernos fueron aserrados que salió a la luz una estratagema extravagante.

Las tailandesas, resulta, no eran cazadoras. Muchas nunca habían disparado un solo tiro. Más bien, eran prostitutas contratadas por una banda criminal basada en Laos, a 9,600 kilómetros de distancia, para explotar los huecos en las reglas de la caza mayor y hacerse de tantos cuernos de rinoceronte como fuera posible; los cuernos ahora literalmente valen más que el oro.

“Estas muchachas no tenían idea de lo que ellos estaban haciendo”, dijo Paul O’Sullivan, un investigador privado en Johannesburgo que ayudó a resolver el caso. “Pensaban que estaban participando en un safari”.

La fiebre por los cuernos de rinoceronte se ha salido tanto de control que se ha convertido en una empresa criminal mundial, atrayendo a una variedad surrealista de personajes: no sólo las prostitutas tailandesas, sino también mafiosos irlandeses, diplomáticos vietnamitas, científicos chinos, veterinarios, pilotos de helicópteros, anticuarios y recientemente una estrella del rodeo estadounidense que buscaba dinero fácil y quien usó Facebook para encontrar algunos cuernos.

Impulsados por una creencia común en Asia de que los cuernos de rinocerontes adultos pueden curar el cáncer y otras enfermedades, también han entrado al comercio bandas criminales que normalmente trafican con drogas y armas. Se han diversificado al negocio clandestino de las partes de animales porque es considerada una actividad de “de bajo riesgo y altas utilidades”, dicen funcionarios estadounidenses.

“Si se les encuentra con un kilo de cocaína, recibirán una sentencia carcelaria muy importante”, dijo Ed Grace, subjefe del Servicio de Pesca y Vida Silvestre de Estados Unidos. Pero con un kilo de cuerno de rinoceronte, añadió, “sólo recibirían una multa”.

El cuerno de rinoceronte típico mide unos 60 centímetros de largo y pesa alrededor de cinco kilos, y gran parte del mismo está formado por la misma sustancia que las uñas. Sin embargo puede alcanzar un precio de casi 30,000 dólares la libra (454 gramos), más que la cocaína crack, y a los conservacionistas les preocupa que este “precio ridículo”, como lo expresó un administrador de la vida silvestre, pudiera llevar a los rinocerontes a la extinción.

En Sudáfrica, hogar de la mayoría de los últimos 28,000 rinocerontes sobrevivientes, el gobierno está intentando todo lo que puede para detener la carnicería – miles de guardias, el ejército nacional, un nuevo avión espía, incluso aviones no tripulados _, pero está perdiendo la batalla.

El número de rinocerontes cazados furtivamente en Sudáfrica ha aumentado en los últimos cinco años, de 13 que fueron abatidos en 2007 a más de 630 este año. Los animales prehistóricos y de un gris similar al de un barco de guerra a menudo son encontrados arrodillados, desangrándose desde un enorme tocón en su rostro.

“¿Nunca ha visto un rinoceronte muerto?”, dijo Philip Jonker, quien trabaja para una firma de seguridad privada que se ha dedicado a la protección de la vida silvestre. “Es peor que ir a un funeral”.

La única respuesta, afirman algunos, es legalizar el comercio, lo cual inundaría al mercado de cuernos de rinoceronte, reduciría el precio y disuadiría a los cazadores furtivos de rinocerontes de arriesgar su vida; o eso dice el argumento. Los cuernos de rinoceronte se regeneran, y los cuernos pueden ser aserrados cada pocos años y vendidos sin perjudicar significativamente al animal.

Uno de los más apasionados defensores de este movimiento a favor de la legalización es John Hume, un emprendedor sudafricano que ahora posee más de 800 rinocerontes, con nombres como Curly, Titán, Hillary y Pinocho, y ha amasado una montaña de 907 kilos de cuernos que valen millones de dólares, si se le permitiera venderlos.

“¿Por qué no debería la persona que cría un rinoceronte ser recompensada?”, pregunta.

Cada vez que los peones del rancho recortan el cuerno de algunos rinocerontes, organizan una escolta armada para llevar los cuernos directamente a una caja de depósito de seguridad en un banco porque las mismas bandas que asaltan camiones bancarios blindados ahora están recorriendo Sudáfrica en busca de cuernos de rinoceronte.

Pero muchos grupos defensores de la vida silvestre dicen que legalizar el comercio de rinocerontes sería un desastre.

“El poder de consumo en mi país está creciendo tan rápidamente que la oferta nunca satisfaría la demanda”, dijo Jeff He, portavoz del capítulo chino del Fondo Internacional para el Bienestar Animal. “Y, además, siempre será más barato cazar furtivamente un animal que criarlo”.

El Parque Nacional Kruger, un enorme refugio silvestre en el noreste de Sudáfrica, es donde muchos rinocerontes están siendo cazados furtivamente. El parque se ubica en la frontera con Mozambique, un país mucho más pobre aún con las cicatrices de años de guerra civil. Los guardias del parque dicen que pistoleros mozambiqueños están cruzando las cercas de alambre del Kruger, abatiendo rinocerontes a diestra y siniestra.

Algunas bandas de cacería furtiva sofisticadas usan helicópteros para detectar a los animales y a veterinarios para dispararles dardos de tranquilizantes. Otros se ponen zapatos de mujer para dejar rastros engañosos.

“En cualquier momento, hay hasta 10 grupos operando dentro de Kruger”, dijo Ken Maggs, un funcionario del departamento de Parques Nacionales Sudafricanos. “Estos tipos están probando nuevos métodos diariamente”.

Científicos dicen que quizá un millón de rinocerontes alguna vez vagó por el planeta, y por alguna razón, los humanos se han sentido fascinados con el cuerno durante eras. Los antiguos persas pensaban que las vasijas de cuerno de rinoceronte podían detectar los venenos. Los chinos pensaban que el polvo de cuerno de rinoceronte podía reducir las fiebres. Los yemeníes apreciaban el cuerno para las dagas de iniciación, que se daban a los adolescentes como signo de masculinidad.

En Asia, la fe en las curas tradicionales es fuerte, avivando la demanda conforme las economías asiáticas crecen, aunque no hay pruebas científicas de que el cuerno de rinoceronte pueda curar el cáncer.

En 2008, un diplomático vietnamita en la capital de Sudáfrica, Pretoria, fue captado en un video recibiendo un cuerno de rinoceronte. en el estacionamiento de la embajada. En la misma época, una compañía china abrió un centro secreto de crianza de rinocerontes en la provincia china de Hainan, supuestamente para producir medicamentos basados en rinocerontes.

En los últimos 50 años, la población de rinocerontes en general se ha desplomado en más de 90 por ciento, pese a una prohibición internacional sobre el comercio de partes de rinoceronte desde 1977.

Pero en Sudáfrica, es legal cazar rinocerontes, creando el hueco legal por donde se colaron las prostitutas tailandesas. Los cazadores deben aceptar mantener el par de cuernos (los rinocerontes tienen un cuerno grande y uno más pequeño en el frente) como trofeo y no venderlos, y a los cazadores se les permite matar sólo a un rinoceronte blanco cada 12 meses. (Los rinocerontes negros están críticamente en peligro y se cazan muy pocos en Sudáfrica.)

Según las autoridades sudafricanas, los líderes de pandillas en Tailandia y Laos decidieron que para maximizar el número de rinocerontes que podían matar, enlistarían a las prostitutas tailandesas que ya estaban en Sudáfrica con pasaportes válidos, que fueron usados para obtener permisos de caza. Las mujeres luego los acompañaron en las cacerías, a menudo vestidas en sugestivos tonos rosas y azules, pero alguien más – regularmente un cazador profesional – las delató.

“No sé de quién fue la idea de usar a las chicas, pero fue muy buena”, dijo O’Sullivan, el investigador privado.

Ninguna de las alrededor de dos docenas de prostitutas involucradas ha sido procesada; la intención era llegar al pez gordo. Así que O’Sullivan filtró la foto de un enorme montón de marfil y cuernos de rinoceronte a una de las mujeres, junto con un mensaje para su jefe, un tailandés de anteojos llamado Chumlong Lemtongthai, de que todo estaba a la venta: “Quería que el propio jefe se presentara y negociara”.

Lemtongthai hizo exactamente eso, y fue arrestado poco después. Se declaró culpable y fue sentenciado en noviembre a 40 años.

“No quiero ver una situación en que mis hijos sólo puedan ver a los rinocerontes en fotografía”, dijo el juez, Prince Manyathi.

Johnny Honnep, a ranch manager, takes notes before dehorning a sedated rhino to prevent poaching at a ranch northwest of Johannesburg, South Africa, Dec. 19, 2012. Some contend that the only way to reduce rhino poaching, which has become a worldwide criminal enterprise, is by allowing the horns, which can regenerate, to be removed and sold legally. (Joao Silva/The New York Times)