Los gitanos roma siguen a la espera de un cambio de la fortuna en Francia

STAINS, Francia – Medio oscurecido por una maraña de chatarra, aparatos electrodomésticos destartalados y basura, cuelga un cartel de la campaña del Presidente François Hollande en el muro exterior del cobertizo de Adriana Dragoi en un miserable campamento de la etnia roma en Stains, en los suburbios pobres al norte de París.

Dragoi, de 19 años de edad, es originaria de Rumania pero ha vivido en Francia desde los 9 años, reuniendo y vendiendo chatarra, cambiando de una barriada a otra, expulsada, dice, por las autoridades francesas con instrucciones de mantener el orden público.

Sin embargo, dice, “aquí está bien”, mejor que en Rumania.

“Puedes encontrar chatarra, tienes dinero”, dijo Dragoi en su titubeante francés.

Hollande también la animó, dijo, con promesas de campaña de una mejor integración de los inmigrantes roma de Francia con la sociedad francesa. Su predecesor, Nicolás Sarkozy, ordenó la destruccion de los campamentos roma y la deportación de miles de roma rumanos y búlgaros que, sin permisos de trabajo, habían excedido el límite de tres meses de su estadía. (Sin embargo, como ciudadanos de naciones integrantes de la Unión Europea, tenían el derecho a regresar de inmediato, y muchos así lo hicieron, incluida Dragoi.)

Sin embargo, el gobierno de Hollande ahora pretende derribar este campamento, un racimo de escombros y chozas construidas de basura, habitadas por aproximadamente 200 hombres, mujeres y niños roma. Quizá, se preguntó Dragoi en voz alta, la orden de expulsión sea anulada.

“Eso esperamos”, dijo. “Aún no sabemos cómo es él, Hollande”.

Durante su campaña, Hollande prometió que campamentos roma sería derribados solo si había disponibles “soluciones alternativas”.

“No podemos seguir aceptando que familias sean expulsadas de un lugar sin que haya una solución”, escribió Hollande en una carta dirigida a grupos humanitarios, criticando el agresivo enfoque de Sarkozy hacia dicho tipo de campamentos.

Sin embargo, apenas a unos cuantos meses de asumir la presidencia, el enfoque de Hollande ha resultado ser muy similar al de su predecesor, quien provocó amplias críticas - no en menor medida del Partido Socialista de Hollande - por su campaña contra de los campamentos roma, a los que se refirió como fuentes de suciedad y delincuencia. Las autoridades han derribado varios campamentos este verano, dejando quizá a 2,000 o más personas efectivamente sin hogar.

Si bien el gobierno ha levantado en fechas recientes algunas restricciones de empleo sobre rumanos y búlgaros - la mayoría de los roma extranjeros en Francia son de esas dos naciones -, sus críticos aseguran que, no obstante, se está haciendo muy poco para incorporar a los roma a la sociedad gala.

Las demoliciones en las afueras de París, Lille y Lyon han sido recibidas con consternación por organizaciones de ayuda, algunos medios noticiosos y legisladores franceses. Las operaciones hacen poco más que profundizar el sufrimiento de una población que ya vive en la indigencia, dicen.

“Todo esto es particularmente decepcionante porque, de manera obvia, el enfoque adoptado por el gobierno del ex presidente, Nicolás Sarkozy, tuvo enormes implicaciones en términos de violaciones a los derechos humanos”, dijo Tara Bedard, directora de programas en el Centro Europeo por los Derechos Roma.

Rita Izsak, experta independiente de Naciones Unidas en temas de minorías, dijo en una declaración que “los roma son ciudadanos de la Unión Europea y la minoría más marginada de Europa”. Deploró el “trato discriminatorio” que siguen recibiendo en Francia.

Dispersos en varios cientos de campamentos ilegales, entre 15,000 y 20,000 roma extranjeros residen en Francia, una cifra que no ha variado mucho desde la caída de la Cortina de Hierro. Cuando son deportados, a menudo regresan, huyendo de la discriminación y la pobreza en Rumania y Bulgaria.

Las encuestas sugieren que las expulsiones son abrumadoramente populares entre los electores galos, incluida la base de Hollande en la izquierda, y el presidente está impaciente por contrarrestar las acusaciones de la derecha en el sentido que los socialistas son blandos con respecto a la delincuencia.

“La izquierda en el poder no gira sólo en torno de la indignación, sino de la actuacion, de la actuación en contra de estos campamentos”, declaró el ministro del Interior, Manuel Valls, a la estación de radio France Inter.

Se ejecutarán órdenes judiciales para las demoliciones, solicitadas típicamente por funcionarios locales preocupados por la delincuencia y la mendicidad que emanan de los campamentos, dijo Valls. Sin embargo, prometió que se aplicarían “progresivamente . medidas de inserción”.

“Ésta es una política de la izquierda”, dijo. “Es, a la vez, hacer valer la ley y, al mismo tiempo, asegurarse de que la integración y la justicia - a través de educación, a través de capacitación, a través del trabajo - se conviertan en realidades”.

En una directriz publicada recientemente, el gobierno les pidió a funcionarios en todo el país que propusieran soluciones para los roma cuando fuera posible, al tiempo que anunció que estaría estudiando las iniciativas locales exitosas.

Sin embargo, la “solución real” radica en los países de origen, dijo Valls, que deben hacer más por integrar a sus propios ciudadanos y han recibido abundante financiamiento europeo para hacerlo. Él y el ministro de asuntos europeos, Bernard Cazeneuve, se reunirán pronto con funcionarios en Rumania y Bulgaria para discutir el tema de los roma.

En Francia, grupos por los derechos se han pronunciado desde hace tiempo por la eliminación de las restricciones laborales y de traslado que afectan a los roma. Estas restricciones, puestas en vigor en Francia y otros países en 2007 al momento del ingreso de Rumania y Bulgaria a la Unión Europea, requieren que tanto rumanos como búlgaros obtengan permisos de trabajo - otros ciudadanos europeos no están sujetos a este requisito - y limitan su empleo a ciertas industrias. Hasta que el gobierno alteró la legislación recientemente, a los empleadores se les requería pagar un impuesto de aproximadamente 900 dólares por cada persona contratada.

Sin embargo, seguirá siendo difícil encontrar empleos, dada la economía titubeante y una tasa de desempleo superior al 10 por ciento, en tanto las restricciones laborales y de viaje restantes están programadas para expirar en 2014.

“Ellos tienen año y medio para abrir de lleno el mercado laboral a los ciudadanos de Rumania y Bulgaria”, dijo Bedard, del Centro Europeo por los Derechos Roma. “Realmente no veo el propósito de aplicar acciones a medias en este momento”.

“Nos gustaría ver al gobierno francés reconociendo que la manera en que han manejado la situación hasta ahora no ha producido muchos resultados positivos”, prosiguió Bedard, y señaló que una gran mayoría de los roma extranjeros en Francia aún vivía al margen de la sociedad.

En La Courneuve, otro suburbio de París, Aurel Beadai vive en un grupo de dilapidados remolques blancos y beige apiñados en un tramo de roca y tierra no muy lejos de un paso a desnivel. Llegó ahí hace un mes con su familia.

“Si pudiera ganarme la vida en Rumania, no vendría a Francia”, dijo Beadai, de 32 años de edad, sentado en la cama de sus padres dentro del diminuto remolque donde vive con su esposa, su madre, su padre y dos hijos pequeños.

Él reúne chatarra en las calles, apilándola en un carrito de supermercado robado para venderla y que sea fundida en la ciudad vecina de Le Bourget. Gana casi 25 dólares por un día de trabajo, dijo, y ha encontrado zapatos y ropa para su familia en la basura. No es fácil, dijo a través de un intérprete, pero es mejor que en Rumania, donde trabajó durante un tiempo limpiando calles pero a veces no tenía dinero para comer.

“Nosotros abrigamos la esperanza de que nos vaya mejor, que él vaya a hacerle un espacio a los roma”, dijo Beadai sobre el presidente francés.

Sin embargo, existe una orden de expulsión para mediados de septiembre aquí.

Trailers at a Roma camp in La Courneuve, France, Aug. 27, 2012. The government of French President Bernard Hollande, who criticized his predecessor over a campaign to demolish Roma camps, is doing the same thing itself this summer, angering some lawmakers and aid organizations. (Corentin Fohlen/The New York Times)