LECCIONES DE CUBA: EL REGIMEN MANTIENE FIRME CONTROL SOBRE EL SIDA

LA HABANA – Yudelsy García O’Connor, el primer bebé que se sabe nació con sida en Cuba, no meramente sigue viva. Es vehemente, divertida y, a los 25 años de edad, se divorció recientemente pero espera casarse de nuevo y tener hijos.

Su padre murió de sida cuando ella tenía 10 años, su madre cuando tenía 23. Ella misma estuvo cerca de la muerte en su juventud.

“No le temo a la muerte”, dijo. “Sé que podría tocar a mi puerta. Llega para todos. Pero tomo mi medicina”.

García está viva gracias en parte a sus genes afortunados, y en parte a la intensidad con la cual Cuba ha atacado su epidemia de sida. No importa cuánto se prolongue el debate sobre las severas primeras tácticas del gobierno – hasta 1993, todos los que daban positivo en la prueba de detección del VIH eran obligados a mantener una cuarentena _, no hay duda de que tuvieron éxito.

Cuba tiene ahora una de las epidemias más pequeñas del mundo, apenas 14,038 casos. Su tasa de infección es de 0.1 por ciento, a la par de Finlandia, Singapur y Kazajstán. Eso es una sexta parte de la tasa de Estados Unidos, y una vigésima parte de la del cercano Haití.

La población de Cuba es sólo ligeramente mayor que la de la Ciudad de Nueva York. En las tres décadas de la epidemia de sida mundial, 78,763 neoyorquinos han muerto de sida. Sólo han muerto 2,364 cubanos.

Otros elementos han contribuido al éxito de Cuba: Tiene atención médica básica universal gratuita; tiene tasas asombrosamente elevadas de pruebas de detección de VIH; satura a su población con condones gratuitos, concentrándose en grupos de alto riesgo como las prostitutas; ofrece a sus adolescentes educación gráfica sobre sexo seguro; da riguroso seguimiento a los contactos sexuales de cada persona cuyo resultado sea positivo.

En comparación, la respuesta en Estados Unidos – que registra 50,000 nuevas infecciones cada año – parece débil. Millones de personas pobres nunca ven a un médico. Las pruebas de detección son voluntarias, y muchos pacientes no regresan por sus resultados. La educación sexual está tan politizada que muchas escuelas no enseñan nada sobre sexo protegido; los condones son caros, y la distribución de los gratuitos es al azar.

MEDIDAS ESTRICTAS

Cuba ha tenido éxito aun cuando tiene la epidemia genéticamente más diversa fuera de Africa. Casi todos los casos estadounidenses son de una cepa, subtipo B. Cuba tiene 21 cepas diferentes. La diversidad genética es un legado de su ayuda exterior. Desde los años 60, Cuba ha enviado al extranjero a miles de “internacionalistas”: soldados, doctores, maestros e ingenieros. Apostados en toda Africa, trajeron a su regreso una amplia variedad de cepas. Según un estudio en 2002, 11 de las 21 cepas de Cuba son desconocidas en otras partes, pues se formaron con la mezcla de otras dos.

Y el éxito de Cuba se ha dado pese a que es un destino de turismo sexual para los europeos y los canadienses.

Aunque la policía hace cumplir las leyes contra la prostitución callejera, los bares y los vestíbulos de los hoteles en el centro de La Habana están llenos de jóvenes conocidas como “jineteras” que se acercan a los extranjeros, preguntándoles si les gustaría ir a tomar un trago, o quizá a bailar, con la suposición tácita de que eso llevará a más. Aun así, de las aproximadamente mil nuevas infecciones diagnosticadas cada año, 81 por ciento son entre hombres y muy pocas entre mujeres solteras jóvenes. “La mayoría de las que duermen con turistas saben usar condones”, dijo el doctor Ribero Wong, especialista en sida aquí. En un sondeo en 2009, 77 por ciento de todos los trabajadores sexuales dijeron que usaban regularmente condones.

Hay jineteras varones para los turistas homosexuales también, por supuesto, “pero creemos que el portador principal es nativo”, dijo el doctor Luis Estruch Rancano, viceministro de salud pública. “Principalmente, en el grupo muy promiscuo en la comunidad homosexual que tiene muchas parejas y no toma precauciones”.

Las pocas cubanas que están infectadas contrajeron el virus de parejas que son secretamente bisexuales, dijeron expertos.

La “transmisión homo-bisexual” tiene su propia categoría en Cuba; socialmente, un hombre que ocasionalmente tiene relaciones sexuales con otros hombres no es considerado gay si es el de “arriba” – la pareja que penetra _, explicó Ramón Arango García, diseñador de modas y educador en el Centro Nacional de Prevención de Enfermedades de Transmisión Sexual y Sida.

El uso de heroína, que impulsa a las epidemias en muchos países, es virtualmente inexistente en Cuba, insisten funcionarios.

Y desde 1986, sólo han nacido 38 bebés con el virus. En el sistema de salud de la cuna a la tumba de Cuba, las mujeres embarazadas reciben hasta 12 revisiones prenatales gratuitas, durante las cuales se les somete a exámenes de detección de VIH al menos dos veces.

Antes de que estuvieran disponibles los medicamentos antirretrovirales, a las mujeres infectadas de VIH les ofrecían abortos o, si elegían dar a luz, cesáreas y fórmula láctea gratuita para desalentar la lactancia y reducir el riesgo de transmisión. Ahora reciben los medicamentos gratis.

COBERTURA UNIVERSAL

Aunque está en quiebra económicamente, Cuba sigue señalando orgullosamente un legado de su revolución de 1959: La atención médica básica es universal y gratuita. Cuba tiene 535,000 trabajadores de salud (“Todos somos médicos o beisbolistas”, bromeó un microbiólogo en un hospital) y todos los ciudadanos están oficialmente registrados con un médico familiar cercano; si un paciente se brinca una revisión, se espera que el médico averigüe por qué.

El doctor Jorge Pérez Avila es el Tony Fauci de Cuba, su médico especializado en sida mejor conocido. En su libro, “Sida: Confesiones a un médico”, publicado sólo en español, Pérez describió la reunión que impulsó la respuesta de Cuba.

En 1983, Fidel Castro visitó el Instituto Pedro Kouri, el principal hospital de enfermedades tropicales de Cuba, para escuchar una presentación sobre la malaria y el dengue.

Cuando terminó, repentinamente preguntó al director: “Gustavo, ¿qué están haciendo para impedir que el sida entre en Cuba?”

El doctor Gustavo Kouri, hijo del fundador del instituto, fue tomado por sorpresa, dijo Pérez, y tartamudeo: “¿Sida, comandante? ¿Sida? Es una enfermedad nueva. Ni siquiera sabemos si es producida por una bacteria, un virus o un hongo. No hay muchos datos sobre ella, sólo lo que se ha reportado en Estados Unidos y algunos casos en Europa. Tomará tiempo saber cuán grande es”.

Castro respondió: “Pienso que será la epidemia de este siglo. Y es tu responsabilidad, Gustavo, impedir que se convierta en un problema importante aquí”.

Los círculos médicos reaccionaron rápidamente. El primer paso fue desechar toda la sangre importada; 20,000 unidades. Eso evitó la devastación que sufrieron las poblaciones hemofílicas en Estados Unidos y Francia.

Se enviaron médicos a Brasil y Francia para estudiar casos.

A todos los médicos familiares del país se les ordenó estar atentos a infecciones que indicaran sida, como el sarcoma de Kaposi o la neumonía Pneumocystis carinii.

Como no había aún prueba de detección del VIH, los primeros casos fueron descubiertos tarde en la evolución de la enfermedad, lo que llevó a los médicos a pensar que la mayor parte de los pacientes moría en un plazo de un año; una suposición errónea que ayudó a justificar la política de la cuarentena.

En 1986, impedida por el embargo de comprar kits de pruebas estadounidenses, Cuba compró 750,000 franceses.

Según la doctora María Isela Lantero, jefa del departamento sobre el sida del Ministerio de Salud, 11 millones de ciudadanos de Cuba han sido sometidos a pruebas de detección 43 millones de veces; el año pasado, se realizaron más de dos millones de pruebas. Eso es el equivalente a someter a la prueba a la población sexualmente activa cada tres años, aunque en realidad la atención se enfoca en los grupos de alto riesgo, que son sometidos a la prueba más frecuentemente.

Las pruebas voluntarias anónimas están disponibles también en las 700 clínicas y hospitales. Cualquiera que dé un resultado positivo recibe una cita con una enfermera de epidemiología, quien pregunta los nombres de todos aquellos con los que la persona haya dormido.

Por ley, responder es voluntario.

“Si dicen no, no pasa nada”, dijo Pérez.

Pero evidentemente se aplica presión. Un paciente que dice no a la enfermera recibe una cita con el médico, luego con un trabajador social y luego en ocasiones con un sicólogo. Luego un equipo de educadores sobre la portación del sida hará una visita doméstica. También podría hacerlo el Comité para la Defensa de la Revolución local. Dependiendo de a quién se le pregunte, esos comités son los defensores de la democracia cubana, espías domésticos o sólo entrometidos patrocinados por el estado.

DESAFIO CRECIENTE

Como la cuarentena obligatoria desapareció hace tiempo el virus ahora lo portan principalmente hombres gays y homosexuales, las nuevas infecciones están aumentando lenta pero constantemente. Ahora se acercan a mil al año, “y estamos esperando que alcance una meseta”, dijo el doctor José Joanes Fiol, el jefe de epidemiología del Ministerio de Salud.

Hoy en día, los condones y la educación sexual son las principales armas.

La sociedad cubana es lo opuesto a lo puritano; la ropa escasa es rutinaria, el coqueteo sugestivo es común, y también lo son el divorcio y los romances extramaritales.

El gobierno distribuye más de 100 millones de condones al año. Se requiere que todos los lugares con clientes jóvenes, incluso las pizzerías, los provean.

Sólo aproximadamente la mitad de los 11,674 cubanos que viven con VIH toman ahora medicamentos antirretrovirales.

En teoría, Cuba sería un laboratorio ideal para “detección y tratamiento”, el nuevo protocolo según el cual los pacientes que den positivo en la prueba de detección son medicados de inmediato para reducir en 95 por ciento su posibilidad de infectar a alguien más.

Sin embargo, requiere medicamentos modernos y Cuba produce sólo los más antiguos y más inclementes. Sólo alrededor de 1,100 pacientes reciben medicamentos nuevos, pagados por donadores extranjeros.

“Sabemos del enfoque detección y tratamiento”, dijo Pérez. “Lo haríamos, si pudiéramos. Pero necesitamos los fondos”.

Health promoters from the National Center for the Prevention of STDs and HIV/AIDS hand out condoms and literature during World AIDS Day in Havana, Dec., 1, 2011. Due to continuing education, universal healthcare and condom distribution, Cuba has managed to keep one of the lowest HIV infection rates in the world. (Jose Goitia/The New York Times)