NÁPOLES, Italia – Ya han pasado meses desde que sonaba la alarma por todo el mundo insular y competitivo de los libros antiguos: cuidado con los volúmenes que tengan el sello de la ilustre Biblioteca Girolamini en Nápoles. Pueden ser robados.

Detuvieron en mayo al ex director de la Biblioteca, Marino Massimo de Caro, acusado de sistemáticamente despojar a la Biblioteca, a la cual se le había encargado que mantuviera segura, robando libros y vendiéndolos en el mercado abierto o directamente a coleccionistas. Y el agudo trabajo detectivesco de un catedrático de la Universidad Estatal de Georgia en Atlanta, Estados Unidos, planteó cuestionamientos sobre De Caro y la venta de otros libros, posiblemente falsificados.

Por la casualidad, Tomaso Montanari, un profesor de historia del arte en la Universidad de Nápoles y colaborador regular del diario Il Fatto Quotidiano, visitó la Biblioteca en marzo, lo cual precipitó que se descubriera a De Caro. Lo que vio ahí – libros apilados caprichosamente por todas partes y libreros vacíos, latas de refrescos y basura desparramada – pasó inmediatamente a la imprenta, y eso provocó la elaboración de una petición firmada por cientos de intelectuales italianos que cuestionaban el nombramiento de De Caro como director.

Más importante, fiscales italianos tomaron nota y semanas después De caro estaba en la cárcel, acusado – aunque sin que todavía se le levantaran formalmente los cargos – de malversación y conspiración. Los fiscales dicen que en los 11 meses en los que administró la Biblioteca, De Caro robó cientos de sus volúmenes. Los investigadores encontraron cajas de libros valiosos, muchos con el sello de la Biblioteca, en garajes y casas particulares en varias ciudades, así como en casas de subastas en otros países. Cuatro personas que se dice conspiraron con De Caro también están en la cárcel.

“Hasta ahora, hemos rastreado unos 3,000 libros”, incluidos algunos bloqueados en subastas, dijo Giovanni Melillo, el fiscal de Nápoles que lleva la investigación Girolamini en una entrevista. Comentó que De Caro era la cabeza de una banda delictiva creada para saquear a la Biblioteca, la cual había estado vedada al público – salvo pocas excepciones – durante décadas. “Hubo un plan concebido con lucidez detrás de todo”, dijo Melillo.

Los fiscales dicen que De Caro admitió haber tomado algunos libros con la intención de venderlos, pero sólo para pagar la restauración de la biblioteca, insuficientemente subvencionada, y sus preciosos volúmenes. Los abogados de De Caro declinaron comentar mientras los investigadores siguieran trabajando.

La pregunta de cómo De Caro siquiera llegó a ser el director de una biblioteca tan renombrada arroja luz sobre algunas de las arraigadas prácticas que siguen atormentando a la economía italiana.

En abril de 2011, Giancarlo Galan, a la sazón ministro de cultura, nombró a De Caro como su consultor especial, y fue ratificado en diciembre por el actual ministro, Lorenzo Ornaghi. En junio de 2011, el Ministerio de Cultura anunció su nombramiento para la Biblioteca.

“Fue como meter a un zorro en un gallinero”, dijo Melillo fríamente.

De Caro puede no tener título en biblioteconomía, pero tiene otras credenciales. “De Caro es el apañador italiano por antonomasia. En un país donde la clase política todavía controla una parte significativa de la economía nacional, él conecta a la política con los negocios, y viceversa”, notó Claudio Gatti, un coautor de un libro nuevo, “Il Sottobosco” (El hampa).

“Gente como él existe en todo el mundo, pero aquí tenemos un giro”, escribió Gatti. De Caro “puede contar con relaciones tanto en la derecha como en la izquierda”.

“Sólo en Italia puedes tener a alguien como él”, concluyó. Un problema grave que enfrentan los investigadores aquí es que no saben la cantidad exacta de libros que se hayan podido robar. Sólo se había catalogado a la mitad de los más o menos 170,000 libros en la colección, según Mauro Giancaspro, el director de la Biblioteca Nacional de Nápoles.

Después de que De Caro se hizo cargo en el verano pasado, comenzó a mover los libros de sus libreros y entre salones para preservarlos y quitarle la polilla a la madera, dijo a los investigadores. Más bien, creen los fiscales, se reacomodaron los libros y se destruyeron las fichas para dificultar el rastreo de los volúmenes faltantes.

La investigación, dijo Melillo recientemente, ha dado “un giro internacional”, y su equipo está siguiendo pistas nuevas.

De Caro, cuyo currículum vitae hace alarde de una trayectoria laboral, tenía al menos una credencial académica en su haber: publicó un estudio de Galileo en dos volúmenes. Ésa es una conexión con el profesor de la Estatal de Georgia, Nick Wilding, un experto en Galileo, quien actualmente investiga la autenticidad de varios libros del astrónomo pisano.

Uno en particular, un ejemplar del “Sidereus Nuncius”, las novedosas observaciones del cosmos publicadas por primera vez en Venecia en 1610, que hoy son propiedad de un intermediario neoyorquino en libros raros, es evidentemente una falsificación, dice Wilding.

El libro en cuestión – que supuestamente contiene una inscripción de Galileo, junto con cinco de sus acuarelas – se presentó con grandes fanfarrias (y algunas dudas sobre su autenticidad) en Padua hace cinco años. Un estudio en dos volúmenes, publicado el año pasado, concluye que se trata de la copia de impresión autografiada por Galileo.

“Todo parecía muy convincente”, dijo Wilding. “El papel parecía genuino, la encuadernación parecía convincente”. Sin embargo, había “detalles menores que me hicieron cuestionar todo el relato”, dijo en entrevista telefónica. Decidió examinar con mayor cuidado el libro.

El gran paso adelante se produjo cuando descubrió fotografías de una copia del “Sidereus Nuncius” publicada en un catálogo de Sotheby’s de 2005. Al mirar detenidamente la fotografía de la portada, notó que las que deberían haber sido unas manchas de tinta casuales, eran idénticas a las marcas de una impresión profunda del ejemplar neoyorquino.

Además, una letra en ambos volúmenes tiene el mismo manchón en la base. Este manchón no aparece en ningún ejemplar genuino, pero se encontró en una edición facsimilar publicada en 1964. Para hacerla se utilizó un ejemplar que tenía una marca marrón en el papel, junto a la letra. La fotografía en blanco y negro la transformó en un manchón impreso, lo que le probó a Wilding que los libros de Nueva York y Sotheby’s son falsificaciones basadas en el facsímil de 1964.

“Si no hubieran sido tan codiciosos como para hacer dos ejemplares, no habría podido demostrar la falsificación”, dijo. La calidad de los libros, en cualquier caso, ha asombrado a los expertos.

“Hemos visto que se remplazan páginas faltantes con facsímiles, pero nadie soñó que se pudiera falsificar un libro completo, algo que hoy es más fácilmente posible debido a la tecnología moderna”, dijo Owen Gingerich, un profesor emérito de astronomía y de historia de la ciencia en Harvard, así como astrónomo emérito sénior en el Observatorio de Astrofísica del Smithsonian.

De Caro, dijo Gingerich, llevó el “Sidereus Nuncius” con las acuarelas falsificadas a su oficina en 2005, cuando trataba de vender el libro. “Le dije que Galileo no pudo haber hecho las acuarelas debido a un error astronómico garrafal en uno de los dibujos”, comentó.

Gingerich y Frank Mowery, de la Biblioteca Folger, detectaron lo que el primero dijo eran otros títulos falsificados, incluidos tres ejemplares de otro libro de Galileo, “Le Operazioni del Compasso Geometrico e Militare”, de 1606. Al menos uno de ellos pasó por las manos de De Caro, dijo Gingerich.

“No sé si los comisionó o los manufacturó, los compró repetidamente o sólo tuvo mala suerte”, dijo Wilding sobre De Caro. “Me preocupa que no sean los únicos en circulación”.

Arnoud Gerits, el presidente de la Liga Internacional de Libreros Anticuarios, emitió recientemente una declaración en la que advierte a sus miembros sobre el robo de libros de la Biblioteca Girolamini, junto con los hallazgos de Wilding de lo que ha llamado los materiales falsificados de Galileo, que “al parecer se pueden rastrear” hasta De Caro. “Parece claro que se trata de un caso mayor, tanto de robo como de falsificación de materiales importantes”, dice la declaración.

“Los negociantes no quieren sonar la alarma”, dijo Wilding, quien, no obstante, recibió bien las alertas de la asociación. “Pero un comerciante también dijo bromeando que cualquier libro raro que vale la pena vender ha sido robado al menos una vez en su vida, esperamos que no recientemente”.