MANILA, Filipinas – En aguas tropicales frente a la costa de Filipinas, una confrontación entre una docena de barcos de pesca chinos, dos embarcaciones policiales chinas y un antiguo barco de la armada filipina atrajo recientemente mucha atención en Washington, Beijing y otras capitales en Asia.
Superficialmente, la disputa era por algunos corales raros, almejas y tiburones cazados ilegalmente que los marinos de la armada filipina estaban tratando de recuperar a principios de abril de los barcos pesqueros que operan en el Bajo de Scarborough del Mar del Sur de China hasta que dos naves de vigilancia marina china intervinieron. Después de dos días de tensión, el barco filipino – una embarcación de la Guardia Costera estadounidense reacondicionada que Estados Unidos envió el año pasado para reforzar las débiles defensas de su aliado – se retiró.
Pero lo que estuvo en juego fue mucho mayor, como pusieron en claro los insistentes reclamos desde entonces de la soberanía del bajo por parte de los gobiernos de Filipinas y China. El incidente intensificó antiguos interrogantes internacionales sobre el estratégicamente vital y potencialmente rico en energía Mar del Sur de China que se han vuelto más urgentes este año conforme el largo tiempo dominante Estados Unidos y la rápidamente creciente China buscan incrementar su poderío naval en la región.
“Somos sólo peones”, dijo Roberto Rómulo, un ex secretario de relaciones exteriores de Filipinas que argumenta que China está preparándose para reclamar un acceso libre a vastas reservas de gas natural y petróleo que se cree están sepultadas bajo el Mar del Sur de China. “China está probando a Estados Unidos, eso es todo. Y China se está comiendo el pastel de Estados Unidos en el sudeste asiático”.
Más recientemente, un destacado oficial militar chino incluso restó importancia a cualquier papel legítimo para Estados Unidos en el Mar del Sur de China. “El tema del Sur de China no es asunto de Estados Unidos”, dijo el general Ma Xiaotian, subjefe del estado mayor general del Ejército de Liberación Popular, en una entrevista difundida el pasado lunes por Phoenix TV en Hong Kong. “Es entre China y sus vecinos”.
La declaración del general pareció lanzar un desafío al gobierno del Presidente Barack Obama, que ha buscado en los últimos seis meses realzar la fuerza militar estadounidense en todo el Pacífico occidental y el este de Asia, donde el Mar del Sur de China es una vía marítima esencial no sólo para la Armada estadounidense sino también para una gran parte del comercio del mundo.
Desde ubicar Infantes de Marina en la ciudad portuaria de Darwin en el norte de Australia hasta incrementar las relaciones militares con Vietnam, un país con una relación precaria con China, Washington ha indicado su intención de quedarse, no de partir.
En el signo más reciente de su resolución de permanecer firme ante la asertividad china en el Mar del Sur de China, el gobierno estadounidense envió a la secretaria de Estado Hillary Rodham Clinton y al secretario de Defensa Leon E. Panetta a testificar la semana pasada ante el Comité de Relaciones Exteriores del Senado sobre la necesidad de que Estados Unidos ratifique el tratado de Naciones Unidas cuya intención es regir en los océanos del mundo.
China es uno de los 162 países que ha ratificado el tratado de la Ley del Mar. Pero Estados Unidos no lo ha hecho, retrasando la aprobación formal desde que el Presidente Ronald Reagan se negó a firmarlo cuando fue completada en 1982.
Un objetivo principal de la comparecencia conjunta, dijeron funcionarios del gobierno, fue fortalecer el argumento legal de Estados Unidos de manera que su Armada pueda tener garantizada la libertad de navegación que el tratado reconoce más allá del límite territorial de 12 millas náuticas de cualquier nación.
En contraste, dicen diplomáticos occidentales, China argumenta que la libertad de navegación entra en vigor sólo a 200 millas náuticas de la costa de una nación, un argumento que contraviene la Ley del Mar y, si entra en vigor, básicamente convertiría al Mar del Sur de China en una reserva privada de Beijing.
Aunque China quizá no tenga interés en bloquear la navegación mercante en el Mar del Sur de China, tampoco hay duda de que ha empezado a proyectar su poder en el área. Vietnam, por ejemplo, afirma que barcos chinos sabotearon dos veces sus esfuerzos de exploración petrolera el año pasado al cortar deliberadamente los cables de los barcos en sus aguas. China afirmó que uno de los incidentes de cortado de cables fue accidental.
Mientras tanto, se espera que China despliegue su primer portaaviones este año.
Dos terceras partes del comercio de gas natural del mundo pasa por las aguas del Mar del Sur de China, según un informe de Yang Jiemian, presidente de los Institutos de Shanghái para Estudios Internacionales. El mar es la principal vía marítima para el petróleo proveniente del Medio Oriente hacia China, Japón, Corea del Sur y el resto de Asia.
Ahora se cree que el propio mar tiene una sustancial reserva de energía, y algunos expertos predicen que bajo el lecho marino hay unos 130,000 millones de barriles de petróleo y 25.5 billones de metros cúbicos de gas.
“Posiblemente y con suerte el Mar del Sur de China será una fuente de energía productiva”, dijo en entrevista Xu Xiaojie, un ex director de inversión extranjera de China National Petroleum Corp. el Ministerio de Tierras y Recursos de China ha hecho estudios sobre los recursos energéticos en el mar, dijo Xu, pero no se han dado a conocer los resultados detallados.
En mayo, China National Offshore Oil Corp., que hasta ahora sólo ha tenido la capacidad técnica para perforar en aguas superficiales, empezó su primer proyecto de perforación a grandes profundidades marinas en un área no disputada en el Mar del Sur de China al sur de Hong Kong.
Reflejando la creciente preocupación de Washington sobre el Mar del Sur de China, Panetta, el secretario de Defensa, planeaba pronunciar lo que se estaba considerando un importante discurso estratégico el sábado en una conferencia anual patrocinada por el Instituto Internacional para Estudios Estratégicos, basado en Londres, que reuniría a un público influyente de funcionarios asiáticos en Singapur este fin de semana.
Otros estarían poniendo mucha atención a lo que Panetta tuviera que decir también. Después de que China advirtió a India este año sobre la exploración por parte de una compañía india en aguas frente a Vietnam, la compañía se retiró, citando razones técnicas. Pero esa no fue la última palabra de India.
“El Mar del Sur de China”, dijo S.M. Krishna, ministro de relaciones exteriores de India, “es propiedad del mundo”.













