SOMBRAS DE DUDA ATRAVIESAN LA CIUDAD DE NUEVA YORK
SOMBRAS DE DUDA ATRAVIESAN LA CIUDAD DE NUEVA YORK
NUEVA YORK -- Los ojos del mundo estuvieron en Washington el 20 de enero cuando la gente se rindió al brillo de Obama. Washington repentinamente tiene a las estrellas -- Halle Berry, Steven Spielberg, Jamie Foxx -- que acudieron para celebrar a la estrella más grande de todas.
NUEVA YORK -- Los ojos del mundo estuvieron en Washington el 20 de enero cuando la gente se rindió al brillo de Obama.
Washington repentinamente tiene a las estrellas -- Halle Berry, Steven Spielberg, Jamie Foxx -- que acudieron para celebrar a la estrella más grande de todas.
Pero también tiene el control del dinero: Los asiduos de Wall Street, acobardados y heridos en batalla, están ahora a merced del gobierno federal, cuyas inacciones de dinero están manteniendo a flote a instituciones ilustres. La repentina depresión ha afectado a las industrias que dan a Nueva York su identidad -- finanzas, medios, publicidad, bienes raíces, incluso turismo -- con extremo prejuicio.
El resultado es que algunos neoyorquinos sienten que la ciudad está perdiendo, junto con muchos empleos, su arrogancia y su sentido de preeminencia, que no es podo decir en una ciudad donde muchos sienten que se necesita una arrogancia enorme para sobrevivir.
El rápido cambio de la fortuna se siente incluso más doloroso por haber ocurrido tras una de las épocas más coloridas de la historia de la ciudad, marcada por una economía por las nubes y un perfil global en expansión, por equipos deportivos de campeonato y programas de televisión exitosos que vendían al mundo una visión de la vida en Nueva York como la Ciudad Esmeralda.
Nada menos que el alcalde Michael R. Bloomberg admitió una pérdida de brío cuando dijo que la ciudad estaba "sacudida" (pero "no en quiebra") cuando presentó un ambicioso plan de creación de empleos.
"Se siente como si se hubiera retirado una capa a Nueva York", dijo Haley M. Rubin, de 23 años y asistente de ejecutivo de cuenta de publicidad en Manhattan, en un mensaje de correo electrónico. "Cuando salgo a bares y restaurantes, falta algo de brillo. No quiero decir que Nueva York no siga siendo excitante y divertido, pero se siente un poco más deslustrado; hay la sensación de que se acabó la emoción de pagar 20 dólares por un coctel. Encuentro que mis amigos siguen saliendo y quieren divertirse pero su tolerancia por el precio de la exclusividad ha disminuido".
Unos años antes, cuando todos parecían ricos, incluso quienes nunca habían recibido un bono de siete cifras disfrutaban del ambiente porque el éxito es contagioso, dijo Michael R. Cunningham, sicólogo y profesor de la Universidad de Louisville. Eso es lo que los sicólogos llaman contagio emocional; el optimismo de alguien más se vuelve propio, si está lo suficientemente cerca.
"La gente se ve influenciada por el humor del momento en que vive", dijo Cunningham. El problema es que el contagio emocional también funciona al revés.
En otras palabras, un amigo suyo es despedido y usted se empapa de su depresión. Todd Rosenberg, un animador que vive en Brooklyn, dijo que se encuentra compartiendo el dolor síquico de la ciudad cuando los negocios del vecindario entran en agonía. En los últimos meses, recordó, un bar local intentó desesperadamente transformarse de un salón de cocteles asiáticos tapizado de terciopelo en una taberna para cazadores llena de animales disecados y luego en un bar gay, todo en vano. Cerró poco después. Una panadería local que parecía especializarse en pastelillos frescos vio un destino similar, dijo. Hasta ahora, nadie ha ocupado ninguno de los dos espacios.
"Ahora se encuentran vacíos, así que realmente estoy extrañando los productos horneados frescos", dijo Rosenberg, de 39 años.
El resultado general, añadió, es una ciudad que se siente como si estuviera "despojándose definitivamente de lo que era Nueva York hace unos cuantos años".
Los proyectos de desarrollo masivos como Atlantic Yards de Brooklyn, con su planeada arena deportiva diseñada por Frank Gehry y un rascacielos de 60 pitos, parecen detenidos.
"Pienso que la ciudad que nunca duerme definitivamente necesita una siesta", dijo Michael J. Petruzzello, un prominente consultor de relaciones públicas de Washington, en un mensaje de correo electrónico. "Washington, no Wall Street, es donde está ahora toda la acción. Tenemos el dinero, el poder y las celebridades. Poseemos todos los bancos y los gigantes financieros. Los Obama son la pareja en el poder más de moda en el planeta".
Ray Cha, de 35 años y consultor de tendencias que vive en Manhattan, dijo: "Los neoyorquinos adoran quejarse", y una de las cosas "de las que más les encanta quejarse en que la ciudad no es tan buena como era. Cuando la ciudad tiene abundancia de efectivo de Wall Street u ofertas públicas iniciales de compañías punto-com, la gente se queja de los cocteles de 20 dólares o el servicio de botellas de 300 dólares".
De hecho, algunos neoyorquinos temían que su ciudad estuviera dejando atrás su apogeo en la recesión de principios de los años 90. y en la bancarrota de los 70. Y hace tanto tiempo como fines del siglo XIX, cuando Nueva York se vio obligado a anexar Brooklyn en parte para mantener el ritmo de su rival en auge, Chicago, el cual en ese entonces estaba disfrutando de la atención del mundo como la sede de la Feria Mundial de 1893, dijo Mike Wallace, autor de "Gotham: A History of New York City to 1898" (Gotham: Una historia de la Ciudad de Nueva York hasta 1898).
En realidad, en una ciudad con un considerable gusto por la exageración, los residentes han declarado perennemente su fin. "Nueva York está acabado, A-C-A-B-A-D-O", dijo con desdén Lexi Featherston, el personaje fiestero de "Sex and the City", en un episodio de la Temporada 6, simplemente porque algunos parranderos conscientes de la salud la obligaron a arrojar el humo de su cigarrillo por una ventana abierta (de la cual ella posteriormente saltó). El episodio fue transmitido en febrero de 2004, un año en que los valores de las propiedades residenciales de Manhattan subieron 14 por ciento y Wall Street pagó casi 15,900 millones de dólares en bonos.
También ese año, Thomas Keller abrió Per Se, con su menú de degustación de nueve platos (con vinos acompañantes, en el alto nuevo Time Warner Center en Columbus Circle, conde un departamento se había vendido por la cifra entonces récord de 45 millones de dólares.
Para algunos, la sensación cíclica de Nueva York de haber perdido su arrogancia incluso sirve como musa. Joan Didion declaró en una frase famosa el fin de Nueva York, al menos de su Nueva York, en el ensayo "Goodbye to All That" (Adiós a todo eso), que fue publicado cuando ella cumplió 32 años.
"La última vez que estuve en Nueva York fue en un frío enero, y todos estaban enfermos y cansados", escribió. "Muchas de las personas que conocía ahí se habían mudado a Dallas o habían empezado a tomar Antabuse o habían comprado una granja en Nueva Hampshire. Nos quedamos 10 días, y luego tomamos un vuelo vespertino de regreso a Los Angeles".
Eso fue en 1967. Ella no se quedó en Los Angeles. Para el cierr de edición, Didion seguía viviendo en un edificio de ladrillo de antes de la guerra en East 71st Street.
En Manhattan.




