La "chamana" Chavela se llevó sus secretos

Las verdades de Chavela Vargas están desde hace dos domingos donde siempre quiso: con ella, en el paraíso de los cantantes. Ya solo serán especulaciones el secreto que compartió con Frida Kahlo, por qué se distanció de su familia y cómo hizo para regatear a "la pinche muerte" durante tantos años de excesos.

Dos de sus mejores amigas españolas, Isabel Preysler y Elena Benarroch, la recuerdan con la certeza de haber compartido un tramo de vida con alguien que había llegado "de un mundo raro" y "nunca había llorado".

Preysler la conoció un día que Benarroch la llevó a almorzar con ella en la Residencia de Estudiantes, en Madrid, en los años 90, y desde entonces disfrutó tratándola en lugares como el Palacio de la Moncloa, en casa de la peletera, en la suya propia y en algunos restaurantes de la capital española, detalla en referencia a los locales "elegantes" a los que se complacía en invitarla, según recuerda la propia Vargas en sus memorias.

"Era una mujer genial que se reía de ella misma y del mundo, llena de talento y sensibilidad, inteligente y anticonvencional", señala Preysler, que recalca que todos los que tuvieron "la suerte de estar cerca de ella en algún momento" están tristes y la echaran de menos.

Pero esta hechicera, esta "chamana" dotada para la adivinación del momento preciso de su muerte, según presumía, no alcanzó a ver cómo se iba a volver de "terrenal" su desaparición y a quedar de expuestas algunas "realidades" sobre su vida.

Vargas tuvo que ser ingresada el 10 de julio en el hospital de La Princesa a causa de una arritmia provocada por el "cansancio brutal" que le provocó su último concierto, el día 8, en la Residencia de Estudiantes.

Regresó a México el día 26 y cuatro días después tuvo que ser hospitalizada en Cuernavaca por una bronconeumonía que no pudo superar.

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