Violencia a sangre fría opaca la buena imagen turística de Córcega

"Crimen en Córcega"

La isla francesa de Córcega es ampliamente conocida por su turismo. Pero ahora se ha ganado una nueva reputación por algo bastante más siniestro: su tasa de asesinatos per cápita es la más alta de Europa.

La violencia a sangre fría está manchando la imagen de postal de Córcega.

Los asesinatos han ocurrido a plena luz del día y a la vista de todos, en playas y paseos flanqueados por palmeras donde los compradores se mezclan con los turistas.

Cafeterías llenas de clientes han presenciado escenas atroces, como un hombre o una mujer muerta a tiros de la nada. Y en esta isla francesa del Mediterráneo las autoridades parecen impotentes para detener el crimen.

En octubre pasado, el abogado más conocido de Córcega, Antoine Sollacaro, fue asesinado mientras se dirigía a trabajar. Dos pistoleros en una motocicleta siguieron al hombre de 63 años hasta una estación de gasolina donde le dispararon varias veces.

Los asesinos aún no han sido hallados y las estadísticas sugieren que nunca sucederá. Desde 2007 se han registrado 105 asesinatos de los cuales menos del 10% han resultados en una condena.

La hija de Sollacaro, Anna-María, considera que el fracaso del Estado para procesar con éxito a los culpables de tantos asesinatos ha dado lugar a una cultura de impunidad en la isla.

'Para un asesino, matar a alguien a las nueve de la mañana en una estación de gasolina frente a las cámaras de circuito cerrado de televisión, requiere nervios de acero. Están tomando un riesgo', dice ella.

'Eso lleva a que uno se pregunte, si, a veces, reciben ayuda'.

La tasa más alta de Europa

Los asesinatos han estado ocurriendo a una tasa de entre 20 y 25 por año durante una década.

Si se considera el tamaño de la población -un poco más 300.000- y se incluyen en la cuenta aquellos que mueren por violencia doméstica, esto equivale a la tasa de homicidios más alta de Europa.

La audacia con que se cometen los ataques está resultando difícil de soportar para muchos.

'De repente, llega un hombre y decide matar, como si estuviera en una película de vaqueros del viejo oeste', dice una mujer que trabaja cerca de una tienda de ropa masculina donde en noviembre mataron a un conocido hombre de negocios.

'Ese hombre destruye una familia y causa un trauma en la gente... Tenemos suficiente de esto. No estamos viviendo en una película del viejo oeste'.

El problema no es nuevo. Córcega, el lugar de nacimiento de Napoleón, ganó reputación por la violencia de los militantes separatistas en la década de los 70.

El grupo principal -el FLNC- llevó a cabo atentados con bombas contra hoteles y resorts de playa antes de fragmentarse en la década de los 90, cuando la violencia comenzó a disminuir.

Muchos de los combatientes terminaron en la cárcel o cambiaron de rol, al meterse en la política regional.

Esto llevó a que los buscadores de sol más ricos de Francia continental construyeran casas a lo largo de la costa de Córcega. El año pasado, fueron construidas 6.000 propiedades, la mitad de ellas casas de veraneo. Pero, activos de origen delictivo -dinero sucio- quedó atado en el boom.

Dominique Bucchini, un antiguo alcalde que ahora es el presidente de la Asamblea de Córcega, dice que el altísimo valor de la propiedad aumentó el apetito voraz de los criminales por la tierra.

Anna-María Sollacaro

"Anna-María Sollacaro"

'Muy pocos corsos podrían comprar casas de veraneo. Así que las mentes criminales pensaron '¿Por qué no yo?'. Y regresaron y compraron un terreno con dinero de origen cuestionable', dice.

Los políticos locales no tienen poder para detener a los inversionistas criminales, añade.

'Los funcionarios electos, que son quienes aprueban las solicitudes de planificación, están en la primera línea. Pueden recibir una carta anónima, o explotar su auto o su casa, o pueden recibir un tiro en la cabeza a causa de este apetito por el dinero, a cualquier precio', dice Bucchini.

Él debería saberlo. Mientras fue alcalde (1977-2001) recibió amenazas de muerte por defender a los constructores.

La violencia no se limita a la costa de Córcega. Basta viajar al interior para encontrar pueblos donde viejas cuentas pendientes todavía siguen sin resolverse y donde persisten las disputas entre familias criminales rivales.

El pueblo de Ponte Leccia -1.000 habitantes- es uno que está ganándose un mal nombre. Es aquí donde un expandillero, Maurice Costa, fue asesinado en una carnicería que lleva su apellido.

Sólo unos días antes de nuestra llegada, un hombre resultó herido en un intento de asesinato a las afueras de una cafetería. Las marcas frescas de pintura rociadas por la policía sobre el pavimento -donde cayeron los cartuchos- todavía se pueden ver.

La víctima tuvo suerte. Pero aún así, nadie en el pueblo hablaría con nosotros acerca de lo que hay detrás de la violencia.

La señora de la panadería, que dice haber escuchado los disparos, se afanó en hacer pizzas cuando le pregunté de qué se trataba todo esto, limitándose a un breve: 'No tiene nada que ver conmigo'.

Problema de coordinación

Crimen en Córcega

"Crimen en Córcega"

El representante del gobierno francés en Ajaccio, Patrick Strzoda, dice que por años diferentes cuerpos policiales y servicios de seguridad estuvieron concentrados en problemas diferentes.

Durante demasiado tiempo, admite, el gobierno francés estuvo tan preocupado con la violencia nacionalista que no identificó el tema del crimen organizado y la delincuencia.

'Fue un problema de coordinación', dice.

Para las autoridades francesas, sin embargo, la muerte de Antoine Sollacaro fue diferente, debido a su alto perfil y su reputación como un abanderado de la justicia corsa.

Conocido como 'el león de la corte', tenía fama de decir lo que pensaba.

Ahora su hija Anna-Maria acusa a las autoridades judiciales de Francia continental -donde se manejan los casos de asesinato más graves- de tener miedo de señalar con el dedo o de hacer arrestos.

Sentada en lo que fue la oficina de su padre y que ahora es de ella, dice que teme que su caso, al igual que muchos otros, simplemente terminen acumulando polvo.

Detrás de ella, en una esquina de la oficina, la toga negra de Sollacaro sigue colgando junto a un dibujo de la corte que lo muestra en acción.

'Sé de otros aquí que comparten este sentimiento' dice ella. 'Que la persona que amas no esté sólo físicamente muerta, sino también muerta en el sentido legal'.

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