Cómo rescatar los negocios fachada de la mafia

"Giuseppe Castellano"

Una empresa como cualquier otra que desarrolla una tradicional actividad económica. Eso parece ser la fábrica de productos lácteos Euromilk, en las afueras de San Marcellino, cerca de Nápoles, en el sur de Italia.

Pero las instalaciones, la bodega, las oficinas, se encuentran en el corazón geográfico de la Camorra, la poderosa red criminal napolitana. Y Euromilk estaba manejada por mafiosos.

Ahora intenta dejar atrás ese pasado.

La empresa es una de cientos que han sido embargadas a la mafia y puestas bajo el control de la Agencia Nacional para la Administración de los Bienes Confiscados al Crimen Organizado (o simplemente la Agencia, como se la conoce en Italia).

El organismo intenta quitar compañías de manos del hampa y vendérselas a empresarios honestos.

Pero sólo un puñado de las empresas confiscadas sobrevive el complejo proceso de transición.

Más buscado

De acuerdo con la Agencia, Euromilk era propiedad de un miembro de uno de los más duros clanes de la Camorra, los Casalesi.

El líder de esa banda, Michele Zagaria, era uno de los hombres más buscados de Italia.

Fue arrestado el año pasado; estaba oculto en un búnker no lejos de las instalaciones de Euromilk.

'La compañía fue confiscada porque la persona a cargo fue declarada miembro de uno de los clanes locales', le dice a la BBC Gianpaolo Capasso, jefe de la Agencia en la región de Campania, de la que Nápoles es capital.

El sólo hecho de que la empresa estuviera en manos de esa persona fue suficiente para justificar la confiscación, sin importar si Euromilk operaba o no en forma ilegal.

Luego de decomisarla, la Agencia la puso en manos de un administrador interino, Giuseppe Castellano, quien tiene experiencia en hacerse cargo de compañías en bancarrota o en problemas.

¿Cómo fue la experiencia de tomar el control de una organización en que los empleados de mayor jerarquía estaban acostumbrados a trabajar para un jefe mafioso?

'Claro que no estaban contentos', dice sonriente Castellano.

'Pero yo nunca sentí miedo. Intenté explicarles que había un interés común que consistía en que la empresa siguiera funcionando'.

'También tuve un poco de suerte. Me encontré con gente con ganas de ayudar y gracias a eso la compañía todavía está aquí'.

Originalmente decomisada en 2004, el hecho de que Euromilk siga funcionando varios años después de haber sido expropiada es algo así como un triunfo.

Y es que suele suceder que las empresas que son confiscadas a la mafia terminan cerrando sus puertas al poco tiempo.

En la región de Nápoles la Agencia decomisó unas 300 compañías, pero sólo ha conseguido que seis sigan funcionando.

Resistencia

Cuando la mafia monta una firma, crea empleo. Y no es poco común, cuando el Estado la confisca, que la empresa colapse y los puestos de trabajo desaparezcan.

'El Estado echa a la gente, la Camorra da empleo', es la queja que suelen escuchar los funcionarios de la Agencia.

Interior de la bodega de Euromilk

"Interior de la bodega de Euromilk"

Esa suerte de resistencia es exactamente lo que los mafiosos quieren promover, la idea de que en términos concretos los gánsters son mejores para la comunidad que la ley.

¿Cómo hace la Agencia para evitar esto? ¿Qué hace cuando sospecha que los empleados jerárquicos de una firma expropiada mantienen su lealtad a los exgerentes y pueden aún tener vínculos con la mafia?

'Uno sabe que si echa a los tres o cuatro empleados clave, la empresa cerrará de inmediato y todos se quedarán sin trabajo, incluyendo los que no tienen vínculos', dice Capasso.

'Así que les permitimos quedarse, al tiempo que controlamos bien de cerca sus actividades, intentando limitar al máximo la posibilidad de cualquier actividad criminal'.

Pero Capasso dice que cuando llega la hora de que la Agencia venda la empresa a un nuevo dueño, los empleados que se cree están asociados con la mafia son obligados a renunciar.

Si Euromilk terminara vendiéndose, algunos empleados serían despedidos, advierte.

Corrupción e intimidación

Hay diferentes razones que llevan a los capos mafiosos a vincularse a actividades económicas legítimas.

En primer lugar, es posible ganar buen dinero con una empresa que tenga mucho trabajo, por ejemplo, en la industria de la construcción.

Más aún si se tiene en cuenta la 'cultura empresarial' de la mafia, que incluye intimidar a los competidores y corromper a funcionarios locales para obtener contratos.

Al mismo tiempo, una empresa de apariencia legítima puede utilizarse para lavar dinero ganado con actividades criminales, como el tráfico de drogas.

Los hijos de los jefes mafiosos, sus familiares, necesitan acceder a dinero que haya sido ganado en forma convencional. O al menos, lo parezca.

Son muchas, entonces, las razones que hacen que les sea útil a los mafiosos tener un pie en el mundo de la legalidad.

La Agencia dice que existen bastiones mafiosos donde el entorno comercial está tan contaminado por la presencia de empresas manejadas por gánsters, que es prácticamente imposible que operen firmas honestas.

Por ejemplo, una compañía legítima puede ser obligada a pagar a los mafiosos locales por protección.

Pero si los propios gánsters tuvieran una empresa que compitiera en la zona, obviamente no enfrentarían los mismos gastos.

Riqueza y prestigio

Darío Caputo, portavoz de la Agencia en Roma, dice: 'Hay situaciones que son extremadamente difíciles, en las que el tejido social está tan dañado, la influencia (de la mafia) es tan fuerte, que se tiene la sensación de vivir en otra realidad, fuera de la legalidad'.

'Nos encontramos con este problema en pequeños pueblos en el sur (del país)', agrega.

Pero a pesar de las muchas dificultades, Caputo considera la confiscación de bienes como un elemento fundamental en la lucha de Italia contra la mafia.

Dice: 'Lo que más duele a los mafiosos no es tan solo ir a la cárcel por cierto tiempo, sino también perder su riqueza'.

'Porque es eso lo que les otorga prestigio, lo que los hace sentir importantes ante los ojos de la gente común'.

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