Al Asad emociona a sus fieles y desespera a los críticos

"Ciudad de Alepo, Siria"

Tan pronto como se fueron acallando los ruidosos cánticos dentro de la Ópera de la capital siria, Damasco, un iracundo coro surgió desde otras capitales. Un extraño discurso presidencial en medio de una crisis que no hace sino profundizarse de forma peligrosa sólo consiguió ampliar la división entre unos y otros en Siria.

'Allah, Souria, Bashar ou Bas!' (Dios, Siria y Bashar son suficiente), gritaron los presentes en una sala abarrotada al final del discurso televisado del presidente de Siria, Bashar al Asad, en el que ridiculizó una revolución que sumergió a su país en una guerra y llamó al diálogo sólo con aquellos que no 'han traicionado a Siria'.

'La oposición rechaza su solución política', respondió rápidamente Walid Bunni, portavoz de la Coalición Nacional Siria, una nueva organización que pretende forjar una oposición más cohesionada.

'Sólo quiere una solución que lo mantenga al mando'.

'Más que hipócrita', escribió el ministro de Relaciones Exteriores de Reino Unido, William Hague, en su cuenta de la red social twitter.

Hague describió el discurso como 'promesas vacías' que 'no engañan a nadie'.

El asediado líder sirio llamó en tono desafiante a una 'movilización nacional' para defender al país de una oposición armada a la que calificó de terroristas, criminales, y marionetas extranjeras.

Además, también presentó sus condiciones para una solución pacífica, que incluyen una conferencia para dar forma a un texto constitucional que sea sometido a referendo.

Asimismo, hubo referencias a la reconciliación nacional, elecciones y un gobierno más amplio.

'Mire lo que ha reconocido, la necesidad de una solución pacífica', dijo el analista político Fawaz Gerges, que recientemente visitó Damasco.

'Pero también es un iluso al no reconocer que hay una oposición real'.

Frenesí diplomático

El discurso del presidente, de casi una hora de duración, se produjo tras cierto frenesí diplomático en el marco de un empeoramiento de la espiral de violencia en el país árabe.

Conforme terminaba 2012, el enviado especial para Siria de Naciones Unidas y la Liga Árabe, Lakhdar Brahimi, se desplazó entre Damasco y Moscú. También viajó a la capital rusa el viceministro de Relaciones Exteriores de Siria, Faisal Mekdad.

Además, hubo conversaciones entre los tres hombres de la B: Brahimi; Mijail Bogdonov, viceministro de Relaciones Exteriores de Rusia; y William Burns, vicesecretario de Estado de Estados Unidos.

Pero cualquiera que fuera el progreso, el presidente Asad, bajo creciente presión, enfatizó que sólo puede haber una visión siria, hecha por sirios.

Recientemente, Brahimi advirtió que Siria se enfrentaba a una difícil elección entre un descenso 'al infierno o a un proceso político'.

Anunció algunos detalles de un nuevo plan basado en la declaración de Ginebra del año pasado en la que se habló de una transición liderada por los propios sirios. El presidente al Asad dijo que sólo podría ser destituido a través de la constitución.

La oposición también rechaza de forma vehemente cualquier plan que permita la permanencia del presidente Asad en el poder, incluso durante una fase de transición.

Las palabras de al Asad, pues, parecían dirigidas a una nación desgarrada por una guerra civil cada vez más profunda que, según Naciones Unidas, se ha cobrado alrededor de 60.000 vidas en los pasados 21 meses.

Millones de personas se han tenido que desplazar en condiciones desesperadas dentro del país, y cientos de miles se han visto forzados a refugiarse en los países vecinos.

'Una gran cantidad de sirios todavía respalda al gobierno', le dijo a la BBC Ammar Waqaf, del Club Social Sirio con sede en Reino Unido. 'Y esto se debe también en parte a que no nos gusta la alternativa'.

Fawaz Gerges predijo que 2013 será incluso más sangriento que 2012 y añadió: 'Esto no es cuestión de semanas o meses'.

Sin embargo, recientes evaluaciones de los servicios de inteligencia occidentales calculan que el tiempo del presidente Asad se agota y que su permanencia al frente del país tiene las semanas contadas.

En cualquier caso, el discurso de al Asad dejó entrever que sigue en Damasco, con la firme determinación de seguir luchando, a cualquier precio.

La oposición ha enviado un mensaje bastante similar.

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