Las aventuras navideñas de una postal colombiana

"Postales colombianas"

Lo decido en un súbito arrebato de nostalgia navideña: este año los buenos deseos por pascuas y año nuevo no viajarán por correo electrónico ni quedarán plasmados en mi muro de Facebook.

En su lugar, quiero que familia, amigos y colegas los reciban en postales: idealmente imágenes de Colombia, con alguna bonita estampilla navideña. Algo que los sorprenda. Algo que puedan tocar y colgar en la pared.

Y de pronto caigo en cuenta de que en el año y medio que llevo viviendo en Bogotá nunca he visto un buzón postal o una oficina de correos.

¿Cómo hacen entonces los colombianos para mandar sus postales de Navidad?

Mi principal fuente de información para este tipo de desencuentros culturales -Olirio Bohórquez, el jefe de porteros del edificio en el que vivo- esta vez no resulta de mucha ayuda.

'Es que ahora la gente ya casi no utiliza el correo. Todo es por teléfono o por internet', explica.

Pero me sugiere que pregunte en Servientrega, el principal servicio de mensajería del país.

'Por internet'

Antes, sin embargo, tengo que conseguir las postales.

Me parece recordar haber visto algunas -pocas- en las zonas más turísticas de Bogotá.

Pero no estoy seguro y, en cualquier caso, preferiría no tener que ir hasta el centro de la ciudad, por lo que decido probar suerte en la sucursal más cercana de Panamericana, una de las cadenas de librerías más grandes del país.

En el camino, aprovecho para preguntarle a un grupo de jóvenes que conversan animadamente en la calle cómo hago para mandar una postal de Navidad desde Bogotá.

'Por internet', responde entre risas Ana María Aguirre, de 24 años, dándole sin saber la razón a don Olirio.

Y su amigo, Diego Mora, es incluso más específico: 'Gusanito.com', sugiere.

Lina Pérez, de 22 años, por su parte, tiene la respuesta correcta. Pero no lo sabe.

'¡7-24!', dice, aunque en realidad se refiere a 4-72, la marca comercial de los Servicios Postales Nacionales de Colombia (aunque eso sólo lo averiguaré más tarde).

Y rápidamente también incluye en la lista de sugerencias a Servientrega, Deprisa, UPS y DHL.

Los dos primeros son servicios de paquetería colombianos. Los otros dos, su competencia internacional.

Y por experiencia propia Ana María advierte que ninguno representa una alternativa especialmente económica.

'Yo una vez pregunté cuánto me costaría enviar unos papeles de universidad a Suecia, tres hojitas, y me salía en US$75', cuenta.

Práctica en desuso

Pero primero, las postales. En Panamericana pregunto si las venden y la respuesta es sí. Pero busco y busco entre cientos de tarjetas de cumpleaños, bodas, bautizos y funerales y no encuentro nada, por lo que vuelvo a preguntar.

Cartera de 4-72, el servicio postal colombiano.

"Cartera de 4-72, el servicio postal colombiano."

Estoy empezando a pensar que es verdad que en Colombia ya nadie manda postales ni cartas y que es posible que el servicio de correo haya desaparecido para ser remplazado por los servicios privados de paquetería.

Pero ¿pueden acaso los más pobres permitirse este tipo de servicios? ¿Y quién distribuye las cartas enviadas a Colombia desde otros países por correo 'normal'?

Al final, con la ayuda de una dependiente, encuentro postales con paisajes colombianos. Están en una pequeña caja, en una esquina del estante. Claramente, no son una mercadería popular. Y eso que nada más cuestan 1.900 pesos cada una (poco más de un dólar estadounidense al cambio actual).

Y la cajera tampoco puede decirme cómo hacer para enviar al extranjero mis imágenes del caribe colombiano o del santuario bogotano de Montserrate.

'Pregunte en Servientrega', es (también) su recomendación.

En Servientrega, sin embargo, no envían postales. Y el costo de enviarlas 'como documentos' -es decir, sin estampilla navideña ni nada que se parezca- es, sencillamente, prohibitivo.

El envío de una postal a mi familia en Nicaragua, por ejemplo, me costaría 121.212 pesos colombianos (US$67). Y tendría que pagar US$10 más para enviar otra a Londres, a la oficina de BBC Mundo.

Curioso, pregunto cuánto sería el costo de un envío a Etiopía, donde viven dos buenos amigos a los que me gustaría sorprender -Gordon y Michelle.

La respuesta: 166.300 pesos colombianos (US$93).

'Con razón ya nadie envía postales', digo para mí.

Estampillas de navidad

Estampillas navideñas colombianas

"Estampillas navideñas colombianas"

De regreso en la calle, la mayoría de los transeúntes a los que les pregunto me siguen sugiriendo servicios de paquetería, entre los que incluyen a 4-72.

Y son varios los que, al ser interrogados, no dudan en afirmar que en Colombia ya no existe el tradicional servicio de correos.

Pero un joven, al que olvido preguntarle el nombre, eventualmente me explica que 4-72 es en realidad el correo del Estado, el que distribuye las cartas y el que puede hacerse cargo de mi postal.

Además, hay una sucursal a pocas cuadras de distancia y él se sabe la dirección -una fortuna, si se considera que la empresa pública nada más tiene 33 puntos de atención en toda Bogotá.

En el camino me encuentro además a Claudia Juyar, de 36 años, quien tiene poco más de dos años trabajando como cartera de la empresa estatal.

Me cuenta que la mayoría de la correspondencia que transporta consiste en documentos legales y correo empresarial, pero que de vez en cuando lleva cartas 'de las de antes' y alguna que otra postal.

Y en la sucursal a la que la acompaño encuentro hasta las estampillas de Navidad.

El envío de una postal a Nicaragua, o cualquier otro lugar de América, cuesta 6.400 pesos (US$3,60). Y a cualquier otro destino del mundo, como Londres o Somalia, solamente US$0,25 más.

Así las cosas, ya por fin estoy listo para enviar mis postales navideñas. Hasta que caigo en cuenta que no conozco la dirección postal de la mayoría de los amigos a los que me gustaría sorprender.

Parece que, después de todo, tendré que recurrir de nuevo al correo electrónico o a Facebook.

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