Asentamientos israelíes amenazan con causar una crisis diplomática

"Benjamín Netanyahu"

Puede que citar los embajadores israelíes a las cancillerías de Londres, París, Estocolmo y Copenhague sea sólo la fase inicial de la crisis diplomática provocada por la decisión de Israel de construir unas 3.000 viviendas en Jerusalén Oriental y Cisjordania.

Estos gobiernos han insistido durante largo tiempo que toda actividad de asentamientos israelíes es ilegal según el derecho internacional.

Pero en términos generales, aparte de las críticas y declaraciones retóricas, se han tomado pocas acciones prácticas. Se ha registrado la desaprobación pero la construcción de asentamientos ha continuado.

Lo que diferencia a esta crisis de otras es el hecho de que fue en muchos aspectos inesperada.

La naturaleza de lo que se propone representa un cambio significativo en la política israelí.

Además, el momento de la decisión del gobierno israelí y el contexto político y diplomático más amplio en el que se tomó, hace que esta pugna diplomática sea potencialmente diferente de episodios previos.

Israel está respondiendo a la votación de la Asamblea General de Naciones Unidas que otorgó a la Autoridad Palestina estatus de observador.

Mientras muchos de los amigos europeos de Israel respaldaron la postura palestina, Estados Unidos se opuso firmemente y Reino Unido se abstuvo.

Ninguno de los dos países creía que la acción palestina fuera un paso positivo hacia la paz.

Severa retórica

Sin embargo, todo indicaba que la reacción de Israel sería mayormente retórica.

Los pasos prácticos se reservarían para una etapa posterior, en caso de que los palestinos, por ejemplo, buscaran unirse al Tribunal Penal Internacional.

En cambio, Israel lanzó una especie de bombazo diplomático.

La propia retórica del primer ministro Benjamín Netanyahu ha sido especialmente severa. Describió la decisión de la ONU como un 'ataque al sionismo y al estado de Israel' y se comprometió a 'reforzar y subrayar la implementación del plan de asentamientos'.

Israel no sólo está reteniendo los ingresos por impuestos que recolecta a nombre de la Autoridad Palestina, sino que está decicido a construir nuevas casas en el área conocida como 'E1', entre Jerusalén y Maale Adumim.

No se trata de un plan de construcción ordinario.

Esta área es polémica porque la construcción representa un gran obstáculo para un estado palestino contiguo en Cisjordania y dividiría a la entidad de Jerusalén, que los palestinos ven como su futura capital.

Es tan sensible esta área, que Israel había asegurado a varios presidentes consecutivos de EE.UU. que no construiría allí. Netanyahu está dando la espalda a esas garantías.

Un funcionario cercano al primer ministro israelí, Benjamín Netanyahu, expresó que no cambiará de opinión. 'Israel seguirá firme protegiendo sus intereses vitales, incluso frente a la presión internacional, y no habrá ningún cambio en la decisión tomada', señaló .

El escenario está preparado, no sólo para un período muy agitado en las relaciones diplomáticas entre Israel y los países que considera sus amigos más cercanos. Los vínculos entre Israel y EE.UU. en particular podrían quedar gravemente dañados.

Este episodio llega como consecuencia de la reciente operación israelí contra Hamas en la Franja de Gaza, en la cual los gobiernos de EE.UU. y algunos europeos clave fueron notablemente comprensivos para con las preocupaciones de Israel.

El recrudecimiento de los enfrentamientos, pisando los talones a la reelección del presidente Barack Obama, fue visto como una suerte de acercamiento entre Israel y Washington adespués de un periodo muy tenso.

Ahora este acercamiento podría quedar en entredicho.

Impaciencia internacional

Lo que es incluso más curioso acerca de todo este episodio es que varios respetados comentaristas israelíes, incluido un analista del Instituto de Estudios de Seguridad Nacional, sugirieron que el voto palestino en la ONU no es nada para entusiasmarse.

De hecho, en muchos aspectos la resolución respalda una visión de dos estados con Palestina establecida junto a Israel, supuestamente la meta de sucesivos gobiernos israelíes.

Los ingresos palestinos por concepto de impuestos han sido retenidos en el pasado, aunque Israel usualmente ha suavizado las restricciones después de pocas semanas.

Algunos analistas israelíes notan que apretar financieramente a la Autoridad Palestina no conviene a nadie, ya que Israel depende de las fuerzas de seguridad palestinas para mantener el orden en gran parte de Cisjordania.

Pero la decisión de descongelar los planes de construcción en E1 podría ser el factor crítico.

Continuará la presión para que Netanyahu dé marcha atrás en este paso, aunque ante la perspectiva de una elección general en Israel el 22 de enero y el giro decisivo hacia la derecha de su propio partido Likud, puede que la verdadera política del próximo gobierno israelí no esté del todo clara hasta el año entrante.

Aquí es donde entra a tallar el contexto regional más amplio.

Las vertiginosas esperanzas invertidas en la llamada 'Primavera árabe' han sido ahora reemplazadas por un cauteloso optimismo: una esperanza de que a partir de la incertidumbre en Egipto, el caos en Siria y las mayores tensiones que circulan en el Medio Oriente, surgirá algo mejor.

Hay una creciente impaciencia diplomática en Occidente con el fracaso para resolver la disputa entre israelíes y palestinos; una sensación cada vez mayor de que se debe hacer algo.

El ministro de Relaciones Exteriores británico, William Hague, pidió explícitamente al gobierno estadounidense que lance una nueva iniciativa de paz.

Podría ser una de las decisiones más importantes que enfrente Barack Obama al inicio de su nuevo periodo presidencial.

Pero no contenga la respiración.

El apetito en Washington para un regreso total a la paz en Medio Oriente podría ser limitado. Las relaciones entre Netanyahu (probable ganador de los comicios israelíes, al menos en esta etapa) y Obama son pobres y están empeorando.

La necesidad de un acuerdo de paz es cada vez más urgente, y los medios para lograrla, más restringidos.

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