Césares modernos: ¿por qué EE.UU. idolatra a sus generales?

"Eisenhower"

Los estadounidenses aún están atónitos ante la caída en desgracia del general retirado David Petraeus. ¿Pero qué hay detrás de la adoración que profesa esta nación por sus comandantes militares?

El presidente número 12 de Estados Unidos era tan ajeno a la política que antes de presentarse como candidato en 1848 nunca había votado.

Sin embargo, Zachary Taylor había sido un general exitoso en la guerra con México (1846-48). Y eso fue suficiente para obtener la nominación del Partido Whig y ganar su puesto en la Casa Blanca.

'Los generales han jugado un rol central en la política estadounidense, este culto al general se originó en Washington con el Ejército Continental', dice Ron Chernow, biógrafo de George Washington.

'En Reino Unido los nombran caballeros. Nosotros los recompensamos con altos cargos políticos', añade.

Ahora, el general Petraeus, el líder más importante de su generación, que fue jefe de la CIA y que fue mencionado como futuro candidato a presidente, ha forjado su propia caída con los escarceos amorosos con su biógrafa.

El general John Allen, mariney sucesor de Petraeus como comandante en Afganistán, ha sido acusado de intercambiar 'comunicaciones inapropiadas' con una segunda mujer envuelta en el escándalo.

La desgracia de Petraeus -en un asunto que aparentemente no tiene conexión con su desempeño como líder militar- sugiere la necesidad de una discusión pública, opina Andrew Bacevich, coronel retirado e investigador visitante en el Instituto Kroc de Estudios para la Paz Internacional de la Universidad de Notre Dame.

'Su derribo desde el alto pedestal en el que estaba debería provocar que gente seria pueda hacer serias preguntas sobre por qué nuestro ejército no ha cumplido con las expectativas en Irak y Afganistán', dice Bacevich.

Generales fundacionales

La adoración de Estados Unidos por sus generales se remonta a los años de su fundación, cuando los jefes militares defendieron al país de la que se percibía como una doble amenaza: los invasores europeos y las tribus nativas.

George Washington, el primer presidente, dirigió el ejército que ganó la independencia de Gran Bretaña. En aquel tiempo, la noción de identidad nacional era débil, muchos estadounidenses se consideraban primero ciudadanos de sus respectivos estados.

El ejército de Washington fue una de las primeras instituciones nacionales, y él la encarnó, dice su biógrafo.

Desde entonces, los generales han representado mucho de lo que los estadounidenses dicen amar - y desconfiar- de su democracia.

Muchos de ellos alcanzaron sus rangos militares por sus propios méritos y a pesar de sus modestos orígenes.

El general Ulises Grant, que comandó las tropas victoriosas de la Unión en la Guerra Civil y más tarde fue presidente, era hijo de un curtidor.

El presidente Andrew Jackson era hijo de inmigrantes irlandeses y escoceses. Antes de la Casa Blanca, conoció la gloria como general en la guerra de 1812 al derrotar a los ingleses en la batalla de Nueva Orleans.

'Ganan prestigio por su capacidad, y la gente deposita mucha confianza en ellos', dice Richard Kohn, historiador militar de la Universidad de Carolina del Norte en Chapel Hill, consultado por la BBC.

Aunque son expertos en maniobrar dentro de las instituciones militares, los generales son vistos como ajenos a los tejemanejes de la política nacional.

'Puros, incorruptos y altruistas'

'Desde muy temprano en la historia de Estados Unidos ha habido un cierto cinismo hacia la política', apunta James McPherson, historiador de Princeton y autor del libro sobre la Guerra Civil Battle Cry of Freedom, ganador del premio Pulitzer.

Según este historiador, los generales se perciben como más puros, incorruptos por la suciedad de la política.

Ante el ojo público, los generales tienen una ventaja sobre otra clase prominente de políticos apolíticos: los empresarios.

'(Los militares) son supuestamente desinteresados', señala H.W.Brands, historiador de la Universidad de Texas y biógrafo del general Grant.

'Ponen sus vidas en peligro por el bienestar del pueblo'.

Y esa estima se evidencia en los números: 10 presidentes de EE.UU. fueron generales.

Como Taylor, Grant no tenía experiencia política y antes de la Guerra Civil fue un empresario con poco éxito y oficial del ejército.

Pero el Partido Republicano vio en su reputación una ventaja y lo nominó como candidato a presidente en 1868.

Vietnam

Ya en otro siglo, la guerra de Vietnam fue tan tóxica para la opinión pública que ninguno de sus generales destacó en la política, y sus nombres no quedaron grabados en la memoria colectiva.

Y como Vietnam, la guerra de Irak en la que Petraeus ganó fama nacional fue profundamente divisiva y considerada por muchos como una acción imperialista.

Pero desde los años 70, los estadounidenses han sabido distinguir entre la causa y el heroísmo individual del soldado.

Pocos ciudadanos piensan en la Guerra del Golfo como una causa nacional heroica, pero el general Colin Powell fue mencionado en 1990 como posible candidato a presidente y después fue secretario de estado.

El general Norman Schwarzkopf también se convirtió en una figura de renombre internacional.

'Los estadounidenses se permiten alabar abiertamente al ejército, especialmente después del 11-S', dice el historiador Brands.

'Si tienes uniforme militar, eres un héroe prima facie. Los generales son el epítome de esto. Son los que más éxito han tenido en el gremio militar'.

Hoy en día, el ejército es la institución pública más respetada en Estados Unidos. 78% de los estadounidenses profesan 'muchísima' y 'mucha' confianza por sus militares, de acuerdo a una encuesta de 2011 de la consultora Gallup.

Reverencia

Entretanto, cada vez menos líderes políticos han servido en el ejército, pero lo compensan reverenciando a los militares, dice Richard Kohn.

Ronald Reagan comenzó su mandato diciendo 'escucharemos al ejército', y el mantra de George W. Bush fue 'vamos a escuchar a los comandantes en el terreno', señala el historiador militar.

El nombre de Petraeus comenzó a sonar en enero de 2007, cuando Bush lo nombró comandante de las fuerzas en Irak.

'Nada parecía ir bien en Irak, y había una necesidad de encontrar a alguien que pudiera demostrar que no todo estaba perdido', explica Bacevich.

Bacevich opina que ante el desprestigio público del general retirado, 'la opinión pública estadounidense puede comenzar a debatir por qué después de 11 años de guerra en Irak y Afganistán no hemos ganado nada'.

Para este excoronel, las consecuencias del mito del 'gran general heroico' han sido negativas.

'Es una escusa para no pensar seriamente sobre la guerra y para evitar examinar las consecuencias actuales de las guerras que elegimos desatar'.

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