El legado de Obama en un gobierno dividido

"Obama regresa a la Casa Blanca después de su victorial electoral"

Después de casi año y medio de campaña electoral, furiosos ataques entre un candidato y otro y más de US$1.000 millones gastados en publicidad, el panorama político en Estados Unidos quedó exactamente igual a como empezó: una Casa Blanca demócrata, una Cámara Baja con férreo control republicano y un Senado de mayoría demócrata.

El recién reelecto Barack Obama enfrentará los mismo desafíos que acosaron su primer gobierno en los últimos años. Una oposición republicana -dominada por el ala más conservadora del partido- que obstinadamente se opuso a la aprobación de las leyes promovidas por el ejecutivo hasta el punto de llevar el gobierno al borde del estancamiento.

A Obama le queda mucho de su agenda por hacer, él mismo lo dijo: 'Lo mejor está por venir', pero cualquier audaz medida que quiera imponer, cualquier reforma que busque promulgar para marcar su legado, necesariamente tendrá que pasar por las manos de legisladores cuyo líder republicano en la Cámara Baja parece haber dado este miércoles una señal de concesión.

La tarea no será fácil. Los poderes tendrán que negociar el presupuesto nacional, que implica una complicada y amarga negociación entre mayores impuestos a los ricos y cortes a programas que benefician a los pobres. Eso sin todavía abordar temas apremiantes de defensa, energía, protección ambiental y, desde el punto de vista del votante latino, la importante reforma migratoria que el presidente no podrá dejar de promover.

Balance de poder

De cualquier manera que se vea, la victoria electoral del presidente tiene que interpretarse como decisiva. A pesar de que el gobierno arrastraba el lastre de mensajes económicos mixtos, una recuperación lenta y difícil, y que se vaticinaba que habría un empate virtual con un candidato ganando el voto electoral y el otro el voto popular, Obama ganó por lo menos 303 (335, si Florida finalmente se añade a su columna) votos electorales y la mayoría del voto popular.

No obstante, se mantiene el estatus quo en el balance del poder. Los republicanos mantuvieron su tradicional control sobre la Cámara de Representantes, con lo que podría continuar la misma polarización sin que se vislumbre un consenso en casos pendientes como el presupuesto y la deuda nacional.

El año pasado, el ejecutivo y los legisladores llegaron a un arreglo medias cuando no pudieron acordar cuánto y de dónde recortar al gasto y cómo generar ingresos impositivos. La idea era prevenir un estancamiento del gobierno y aplazar la volátil discusión para después de las elecciones.

El arreglo es un remedio amargo para ambas partes pues, si no se resuelven las discusiones sobre la deuda, automáticamente entrarán en efecto recortes a la Defensa y a importantes programas sociales y, además, el fin de créditos impositivos a partir de enero de 2013. Es lo que llaman el 'precipicio fiscal'.

Los que expertos vaticinan que la caída al precipicio generaría otra recesión, lo que definitivamente quisiera evitar el presidente reelecto.

Tras su victoria, Obama sostuvo que el pueblo estadounidense envió un mensaje con sus votos a los líderes de ambos partidos sobre la necesidad de hacer a un lado los intereses partidistas y trabajar con un propósito común, dándole prioridad a los intereses de los ciudadanos y a la economía.

Realidades políticas

John Boehner

"John Boehner"

Thomas E. Mann, experto en Gobierno del Brookings Institution, un centro de investigación liberal en Washington, coincide con esta apreciación. 'La lección más importante de estas elecciones fue que los republicanos apostaron y perdieron', dijo en una conferencia ofrecida en la sede de la institución.

A lo que se refiere el analista es que los republicanos siguieron una política de oposición obstinada, obstaculizando cualquier proyecto del presidente para que no fuera aprobado y, en caso de que lo fuera, desprestigiándolo de una manera u otra.

'Fue más por estrategia que por ideología, un plan de 'tierra quemada' para que el electorado se lo cobrara al presidente', expresó Mann.

Pero, según el experto del Brookings, algunos republicanos están reconociendo la realidad política de la elección y ya han empezado discusiones para abandonar la estrategia de oposición más radical.

John Boehner, presidente republicano de la Cámara de Representantes, ofreció buscar un acuerdo con el presidente que podría incluir un aumento de impuestos 'bajo ciertas condiciones' para ayudar a reducir la descomunal deuda y componer las finanzas.

'Señor presidente, este es su momento', expresó Boehner, 'queremos que tome el liderazgo'.

Steven J. Brams, profesor de Política de la Universidad de Nueva York, NYU, dijo que un presidente transformador es el que trata de lograr la aprobación de sus planes más audaces pero para eso hay que negociar.

'El presidente también ha aprendido su lección. En su primer mandato no fue muy asequible y quería que sus proyectos fueran aprobados a golpes para, después, aparecer y santificar los acuerdos', expresó a BBC Mundo. 'Si quiere mover las cosas rápidamente tiene que tomar la iniciativa'.

Fuerza ejecutiva

Pero Brams cree que el Congreso también está bajo presión porque si se llega al precipicio fiscal, si no actúan a pesar de las exhortaciones del presidente, serían los acusados y sufrirían las consecuencias en las elecciones.

Obama bien podría intentar lograr sus propósitos utilizando su fuerza política y el poder ejecutivo, como lo hizo para lograr la aprobación de su plan de salud, aunque podría ser una estrategia arriesgada.

El académico señaló que Obama está muy preocupado con su legado y lo que produce un gran presidente pero advierte que difícilmente se logra algo en un segundo período, así que tendría que jugar sus cartas cuidadosamente. 'Es una labor difícil. Obama tendría que ser la excepción para aspirar a la grandeza'.

Una señal de que está dispuesto a hacer concesiones la dio Obama hoy con una llamada al representante John Boehner, al senador republicano Mitch McConnell y a sus aliados demócratas en el Congreso, la representante Nancy Pelosi y el senador Harry Reid para abordar la agenda legislativa en lo que queda del año.

'Habrá negociaciones detrás de bambalinas', estimó Brams, 'Obama tendrá que ceder, como también los republicanos y se llegará a algún tipo de acuerdo para evitar caer al precipicio.'

Aunque existen algunas dudas sobre lo que puede hacer el actual Congreso que tiene escasos dos meses más de vigencia, se espera que un acuerdo en el ámbito del presupuesto empezaría a surtir un efecto sobre la economía -tema prioritario del electorado- y dejaría despejado el camino para abordar otros temas pendientes.

Reforma migratoria, sí o sí

Voto latino

"Voto latino"

Uno de estos es la reforma migratoria y la normalización de la situación de los más de 12 millones de inmigrantes indocumentados. Este es un asunto del cual el presidente no puede apartarse, tanto desde una perspectiva política como moral.

En más de una ocasión, líderes hispanos comentaron a BBC Mundo que el presidente tenía una gran deuda con la comunidad latina al no cumplir la promesa de promulgar una ley migratoria durante su primer mandato.

Pero, en junio, el mandatario utilizó su prerrogativa ejecutiva para frenar las deportaciones de indocumentados y permitir la permanencia en el país de jóvenes que fueron traídos por sus padres ilegalmente, los llamados 'soñadores'.

Es evidente, tras los resultados electorales del martes en los estados con alta población latina, que Obama le debe su victoria en gran medida al apoyo de esta comunidad en las urnas.

'Es una promesa que no puede abandonar sin llevar hasta sus máximas consecuencias', manifestó a la BBC Israel Ortega, editor de la conservadora Heritage Libertad en Washington. 'El pres reconoció que no había hecho lo suficiente en este aspecto. Inclusive lo de los 'soñadores' fue tan solo una curita (paño de agua tibia)'.

Steven Brams sostiene que el presidente está muy comprometido con la reforma migratoria. 'Como afroamericano se siente identificado con las minorías. Esto es una prioridad para el y sabe que tiene que resolverse'.

Lo interesante, indica Brams, es que los republicanos están en una situación en la que tiene reconocer que no pueden sobrevivir como partido si no abordan los intereses de las minorías que les dieron la espalda en estas elecciones.

'Los republicanos lo saben que les fue muy mal con los latinos. Sospecho que habrá una solución y un intento concertado para normalizar la situación de los indocumentados', vaticinó.

Israel Ortega concuerda con el cambio que tiene que haber dentro del Partido Republicano en términos de abordar seriamente el tema migratorio aunque advierte que no será de la noche a la mañana.

'Tienen que mostrar que ofrecen algo pero implicar que deben darle amnistía a los indocumentados es algo prematuro', afirmó. 'Habrá que buscar las vías legales y si ambos lados dan pasos graduales, poco a poco se decidirá que hacer con esos más de 12 millones de personas'.

Cualquier reforma tiene que ser aprobada con un acto del Congreso y promulgada por el presidente. En esta ley migratoria, así como en otras medidas que sin duda se debatirán durante los próximos cuatro años del segundo gobierno de Obama, pueden estar vinculados el legado de Barack Obama y el futuro del Partido Republicano.

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