América Latina, ¿qué no hace falta?

Estudios político-económico realizados por varias instituciones académicas argumentan que la pobreza, la desigualdad social y la corrupción son los males de América Latina. El informe del PNUD, La democracia en América Latina: hacia una democracia de ciudadanos explica que América Latina es una región que no se caracteriza ni por la homogeneidad ni por la unidad. Es una América Latina inequitativa e injusta, de hecho la democracia no ha eliminado las desigualdades ni la pobreza.
Los países de la región arribaron al tren del libre comercio en una situación de desigualdad, pues contaban con un menor grado de desarrollo que otros países occidentales, Japón o Estados Unidos. Las recetas neoliberales provocaron un déficit comercial. En la región las importaciones aumentaron en mayor medida que las exportaciones.
Por ejemplo, México firmó un acuerdo de libre comercio con Estados Unidos y Canadá, caracterizado por la asimetría en el intercambio de productos. Como resultado, los productos latinoamericanos perdieron competitividad porque socios como Estados Unidos impulsaban su agricultura con medidas proteccionistas. México no fue capaz de competir en el libre mercado porque en una economía de imperfectos el que gana es el más fuerte.
Las teorías neoliberales formuladas por John Williamson concebían la apertura comercial de América Latina como la panacea para los problemas económicos y políticos de la región, ya que, teóricamente, el liberalismo económico traería desarrollo económico, posteriormente desarrollo social y por último desarrollo político.Sin embargo, la liberalización del mercado en una estructura económica débil fue la causa de fondo de desequilibrios productivos, donde surgió con fuerza el sector informal en un mercado interno deprimido.
El sector informal no está incorporado a los circuitos financieros y productivos de la economía real y es, al mismo tiempo, la actividad que genera las mayores tasas de empleo, (siete de cada diez nuevos empleos creados en la región desde 1990 corresponden a la economía sumergida) un empleo precario, de baja productividad y sin protección social.Al no tener protección social, un sector muy relevante de los trabajadores no recibe prestaciones sociales (salud, pensiones, sindicalización) y el trabajo informal produce un desmejoramiento de la distribución del ingreso y un aumento de la pobreza.
Un segunda punto es la cuestión política relacionada con la liberalización del mercado es el verdadero grado de compromiso del sector político para llevar a cabo las reformas económicas.Se ha comprobado que, durante los últimos años, las reformas han dado lugar a una sensible mejora macroeconómica pero no han reducido la pobreza y han dado lugar a una mayor desigualdad, problemas coyunturales de América Latina que son consecuencia de unas políticas neoliberales sin ningún programa social.
Esta situación ha tenido lugar porque los gobiernos de América Latina son incapaces de gestionar a la vez las medidas económicas y sociales para conseguir una mejora en la vida de los ciudadanos. Los sistemas democráticos no han alcanzado un alto grado de desarrollo, son “democracias mínimas” sin una construcción sólida del Estado de Derecho. La democracia está consolidándose en la región y todavía contiene muchas herencias del pasado y todavía no ha resuelto problemas como la inoperancia estatal.
Soluciones complejasLos problemas de América Latina tienen una solución compleja por cuanto es preciso superar la dicotomía Estado-Mercado y mejorar las relaciones del Estado con la sociedad. El primer paso a seguir consistiría en permitir que el Estado ejerza el papel de rector sobre la economía, tal y como señala el PNUD en su estudio sobre la democracia en América Latina. El Estado debe impedir que el mercado actúe con absoluta libertad y tiene que ser responsable de la política económica.Es necesario eliminar la creencia de que todo lo resuelve el mercado y la privatización. Si el Estado no asume este papel, no puede dar credibilidad al sistema democrático. La democracia es la que garantiza los derechos civiles, la participación ciudadana y la libertad política.
Por último, es recomendable aunar el papel del mercado y el Estado teniendo en cuenta el contexto histórico de cada uno de los países de América Latina. El pensamiento único va en contra de los conceptos de la democracia y la economía y no se pueden generalizar ni las recetas económicas ni las recetas políticas.



