En el arte: "Contra la Revolución, nada"

Después de dos años del triunfo de la Revolución cubana, el entonces primer ministro, Fidel Castro, pronunció un discurso en el que definió la política cultural de su gobierno.
El discurso cerró un debate sobre la libertad de la creación artística, originado por la censura de un cortometraje, "P.M.", que presentaba, en el estilo de cinema verité, un recorrido por algunos bares de La Habana, en los que se veía a gente bailando, cantando, bebiendo, divirtiéndose.
Según sus realizadores, Sabá Cabrera Infante y Orlando Jiménez Leal, se trataba de un retrato inocuo de la vida bohemia habanera, sin ánimos de calificarla o de juzgarla.
Sin embargo, los censores del recién creado Instituto Cubano de Arte e Industria Cinematográficos (ICAIC) lo vieron como un canto al pasado, que no reflejaba los cambios sociales que estaba impulsando el nuevo gobierno, en momentos en que se esperaba que los artistas se entregaran de cuerpo y alma al proceso revolucionario.
En la última de tres reuniones con artistas e intelectuales, en la Biblioteca Nacional, el 30 de junio de 1961, Castro dijo que aunque no había visto el documental -y tenía curiosidad por verlo- aprobaba su censura porque el gobierno tenía el derecho de "regular, revisar y fiscalizar las películas que se exhiban al pueblo".
Castro añadió que los artistas podrían expresarse libremente, tanto en la forma como en el contenido, pero advirtió que "nosotros apreciaremos siempre su creación a través del prisma del cristal revolucionario".
"¿Cuáles son los derechos de los escritores y de los artistas revolucionarios o no revolucionarios? Dentro de la Revolución: todo; contra la Revolución: ningún derecho", sentenció.
Revolución cultural
En ese discurso, conocido como "Palabras a los Intelectuales", Castro también destacó algunos de los logros y aspiraciones de su gobierno en el ámbito cultural.
"Nosotros hemos sido agentes de (...) de la revolución económico-social que está teniendo lugar en Cuba. A su vez, esa revolución económica y social tiene que producir inevitablemente también una revolución cultural en nuestro país", dijo.
Entre otras cosas, habló con orgullo de la campaña de alfabetización que se estaba llevando a cabo y de los esfuerzos por "llevar la cultura al campo, a las granjas y a las cooperativas", a través de cientos de instructores de arte.
Mencionó la creación de la Imprenta Nacional y del ICAIC, que más tarde produciría películas emblemáticas como "Memorias del subdesarrollo" y "La muerte de un burócrata", de Tomás Gutiérrez Alea, y "Lucía", de Humberto Solás.
Destacó la reformación del Ballet Nacional de Cuba, que se convertiría en uno de los principales éxitos culturales de su gobierno, y el establecimiento de academias y escuelas de arte, en las que se formarían muchos de los artistas cubanos más importantes desde los años 70 hasta la fecha.



