Hazañas narco con ritmo norteño

Primero fue Camelia, la Tejana, mujer de agallas y heroína al margen de la ley.
En plena ruta, y mientras traficaba su "hierba mala", Camelia, pistola en mano, puso fin a la vida de su compañero de andanzas, el Emilio Varela. Siete balazos. De Camelia y el dinero, ya nunca más se supo.
Lejos de morir, Camelia pasó a formar parte del imaginario popular. La canción que le dio vida, "Contrabando y traición", se convirtió en el punto de partida de un género musical: el de los narcocorridos.
Y fue también el primer éxito de ventas con el sello distintivo de Los Tigres del Norte, banda emblemática de la música norteña que ha sumado discos y adeptos por más de tres décadas.
Los relatos heroicos al ritmo del acordeón no son una novedad: las baladas y los corridos, inspirados en valses y polkas, son parte del folklore mexicano desde hace por lo menos un siglo.
Se escuchan en cada cantina de las zonas rurales, y se repiten sus estribillos pegadizos mientras suenan estridentes los instrumentos de viento.
Como destaca José Manuel Valenzuela, académico especializado en el estudio del lenguaje, para la población mayormente analfabeta del México del siglo XIX, el corrido fue "crónica, diario, constancia e interpretación" de tragedias y eventos.
Cientos de ellos se han escrito para cantar loas a las figuras de la historia mexicana, como Pancho Villa y los líderes de la revolución.



