La Grand Central neoyorquina cumplirá 100 años

La icónica Grand Central Terminal de Nueva York celebrará la próxima semana su primer siglo de historia, considerada no sólo una estación de trenes sino una joya arquitectónica, un centro comercial y un punto de encuentro para neoyorquinos y turistas. Tras más de diez años de obras, la estación que conecta la Gran Manzana con sus localidades vecinas, abrió sus puertas al público el 2 de febrero de 1913, y durante un siglo ha conseguido conservar su estilo y aumentar su popularidad. "Es un edificio precioso y útil para la gente. No es sólo eficiente, sino también elegante", destacó el historiador de arquitectura e integrante de la comisión de conservación de monumentos de Nueva York, Matt Postal. Pese a que ahora es uno de los símbolos de la ciudad de los rascacielos, la estación de ferrocarril más grande del mundo ha tenido que lidiar con diferentes obstáculos a lo largo de los años, como el del "boom" del automóvil en la década de los años 50 que puso en peligro su futuro. La terminal, situada en el cruce de la calle 42 y la Park Avenue, se construyó por la necesidad de soterrar las vías y jubilar los trenes de vapor, pero con la eclosión del coche y el aumento de los precios del suelo de Manhattan durante la década de 1960 se contempló la posibilidad de derribarla. Todos los días, cerca de un millón de personas utilizan la estación y su sala Vanderbilt, un vestíbulo de más de mil 100 metros cuadrados, a diario está repleta de turistas.